miércoles, 31 de octubre de 2012

Ayer estuve en la Arboleja.


Litesofía, 31 Octubre 12  
Ayer estuve en la Arboleja. Fui unos kilómetros en coche por la
hermosa huerta que une -o que separa- a Murcia del villorrio. -“Dende
Murcia a la Arboleja” se titula un libro de poemas panochos; el autor
conocería bien este camino para cantarlo en sus versos-.
 
Para saber lo que es la huerta de Murcia, nada mejor que ir a la
Arboleja. ¡Qué delicia vivir allí, entre huertos repletos de naranjos!
Las viviendas son más chalés que casas de labranza.
 
¿Quién iba a pensar hace unos años que en las puertas de estas casas,
habría indefectiblemente una cochera? Las mulas desaparecieron, los
carros,  los arados. Vinieron los tractores a sustituirlos, los
coches, la televisión.
 
Ver estas barracas huertanas, alegra el corazón; no lo deprime como
antes. Los tiempos son otros.  A mí me daban envidia ayer estos
huertanos y sus tierras, lejos del mundanal. Ideales para una cura de
nervios, como un sanatorio.
 
Sin querer, me acordé de Santana, en Jumilla, cerca del convento. Veía
ciertas similitudes, con lo dispar del paisaje. En los dos ambientes
encontraba silencio,  naturaleza abierta, con estallidos de sol.