viernes, 15 de noviembre de 2013

Museo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 15 Noviembre 2.013
Museo
 
La visita a un Museo es siempre gratificante. Y más si es un Museo de Bellas Artes: lugar regio, majestuoso, serio, pletórico de cuadros notables. En los Museos se respira de otro modo. En ellos se siente el arte, aunque uno sea profano en la materia.
 
Estuve en una estancia donde había colgados del techo cientos de cuadros por restaurar. El sistema era ingenioso y práctico: rieles horizontales paralelos de donde penden cuadros como hojas de libros para ser observados. Incontables. Para estar viendo cuadros años enteros.
 
Los Museos, como este de Murcia, deben tener restauradores fijos. ¿Cómo es posible que se amontonen tantas obras sin nadie que las atienda? Cada pintura requiere un tratamiento distinto: unas que cuarteadas, otras con agujeros, otras que exigen limpieza o un barniz protector. Es obligación de autoridades y pueblo en general velar por este patrimonio cultural que ha recibido.
 
Un Museo es como una biblioteca. Cada libro es el amigo amable dispuesto a contarnos algo, a enseñarnos, sin nada a cambio, cuando mejor nos venga. “Ya me he cansado, te dejo donde estabas”. Y él, agradecido siempre, como perro faldero, sonríe y agradece la atención.
 
En el Museo ocurre lo mismo: cada cuadro es como un libro. Nos dice del arte de su autor, de los inefables gozos del artista; nos habla de una época, de un estilo. Cada obra es, por decirlo de algún modo, como un nacimiento, que se ofreció de por vida a ser contemplada, rogando que la cuiden para servir a más personas.

                                                        Francisco Tomás Ortuño,  Murcia