Litesofía –entre literatura y filosofía-, 24 abril 2014, jueves, San Fidel
Jueces
Ayer pensaba yo, no recuerdo por qué, o sí, que los jueces deberían ser, por encima de todo, humanos. Muchas faltas no debieran ser juzgadas con el rigor de la ley, sino teniendo en cuenta otras razones. El juez, pensaba yo, debería, a veces, apartarse de la ley que castiga y, como padre, obrar en conciencia.
Y mira por dónde hoy, leyendo un texto francés, se repite mi pensamiento: "Je ne craindrais pas beaucoup les mauvais lois si elles étaient appliquées par de bons juges" (no temería las malas leyes si fueran aplicadas por buenos jueces). "Pour équitablement apprécier le delit de l'indigent, le juge doit, pour un instant, oublier le bien-etre dont il jouit, afin de s'identifier autant que possible avec la situation lamentable de l'etre abandonné de tous" (para apreciar con justicia el delito del indigente, el juez debe por un instante, olvidar su bienestar e identificarse lo más posible con la situación lamentable del ser abandonado por todos).
El español, en general, es abierto y comunicativo; el inglés, discreto y aristocrático; el francés, libre y orgulloso; el alemán, altanero y arrogante. Cada nación, como cada individuo, por circunstancias históricas, geográficas, étnicas, religiosas, lingüísticas y sociales, es como es y no de otro modo. Su orgullo debe radicar en quererse como es; su gloria en llegar a ser ella misma. Pero hoy, por una serie de razones complicadas, el mundo anda revuelto: algunas naciones se empecinan en hacer lo que las otras hacen. Cuando volvamos a ser cada uno lo que somos, sin otras absurdas aspiraciones, el mundo se habrá encontrado y podrá salir de la locura en que se encuentra.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia