Litesofía –entre literatura y filosofía-, 20 Noviembre 2.013, miércoles
Para mis “Diálogos con Benedicto XVI”
Fragmento
-Amigo Benedicto, ayer, en la piscina, yo pensaba…
-¿Qué pensabas ayer en la piscina, Francisco?
-Pensaba que el hombre es trigo y la mujer molino.
-¡Vaya por Dios!, ¿y qué te hacía pensar cosa tan peregrina?
-No lo sé, pero lo pensaba.
-Trigo el hombre y la mujer molino… ¿y se acababa ahí tu pensamiento?
-Llegaba más allá, Benedicto: era una parábola. Jesús también hablaba con parábolas a sus discípulos: historias paralelas para que se comprendieran mejor.
-¿Y cómo seguía tu… cuento macabeo?
-Pensaba que el matrimonio necesita de hombre y mujer para tener un hijo.
-Tan claro como la luz del sol; no hacía falta pensar mucho.
-De la misma forma, el trigo y el molino se necesitan para hacer el pan. Sin trigo no hay harina; y sin molino que lo triture, tampoco. ¿Qué puede moler un molino si no tiene trigo que moler? ¿Cómo se molería el trigo sin molino que lo moliera? Se necesitan ambos para que haya pan.
-Sigue siendo evidente de toda evidencia tu pensamiento, Francisco.
-Una vez que el molino muele el trigo, la harina que surge necesita de otros ingredientes para llegar a ser pan: agua, sal, levadura, manos que le den forma… y un horno para cocer la masa y que salga el pan crujiente y calentito.
La masa, por sí sola, no puede llegar a ser pan; necesita de los cuidados de los que lo trajeron al mundo y un grado de cocción justo para ser un pan bueno. La masa no es el padre; la masa no es la madre, pero sin ellos no existiría.
Y no solo no existiría sino que moriría si no tuviera sus cuidados. No llegaría al fin para el que nació: ser pan para ser comido. Esa operación es de la familia, tan necesaria como haberlo nacido antes. Cuando el pan sale del horno calentito y crujiente, dispuesto a vivir por sí solo, los padres ya sobran en el proceso creador.
-No está mal tu símil o parábola.
-No sé, Benedicto, si lo habré pensado yo el primero, o si lo habré leído en alguna parte, que la cabeza piensa cosas que, quizás, otros ya habían pensado.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia