domingo, 16 de marzo de 2014

Universo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 16 marzo 2.014, domingo
A mi hijo Miguel, estudioso del Universo.
Dicen que han inventado células artificiales que producen vida. Me he acordado de mi amigo Salinas. ¡Cuánto sufrirá pensando que fue él el primero en ver insectos por el microscopio procedentes de materia inorgánica, y que ahora le pisan su hallazgo porque son americanos los que dicen ser sus descubridores!
La genética es un mundo por descubrir, un campo que se agranda ante el microscopio electrónico, que muestra novedades sobre genes y cromosomas. No me extrañaría que topara con algo sorprendente para la humanidad, como la propia vida que dijo mi amigo haber obtenido.
¿Cómo sería el asombro del estudioso del universo con potentes telescopios, que viera aparecer un homínido en un astro? Me imagino que a la velocidad que vamos, nadie sabe lo que nos reserva el futuro. Ese internet ya existe. Lo que de él se derive no podemos imaginar. La máquina nos desborda. En lo profundo del cosmos y en su inmensidad hay mucho por descubrir.
Pienso que vivimos momentos sorprendentes en la historia de la humanidad. Estamos en los umbrales de otra Era que nos va a deslumbrar. Que pasaremos pronto de las sombras de lo desconocido a la luz cegadora de una verdad radiante. Unas verdades llevarán a otras próximas, hasta quedar al descubierto en plenitud lo que tanto tiempo se estuvo preparando.
El hombre, con ayuda de aparatos nuevos, conocerá el espacio, como los más diminutos componentes de sus células. Qué maravilla espera a partir de ahora a los humanos, gracias a los nuevos artilugios, a los raros ingenios. ¿No estuvo tiempo creyendo que lo más pequeño de la materia era el átomo? Y luego se vio que cada átomo era como otro universo.  
Cuando seamos capaces de andar por el universo como lo hacemos aquí, estaremos en puertas de comprender a Dios, que lo creó todo. Cuando seamos capaces de ver nuestro interior como vemos lo que hay encima de mi mesa, conoceremos a Dios. Cuando seamos capaces de comunicarnos con los seres del mundo entero y celebremos sus triunfos como propios, sabremos la intención que movió a Dios a crearnos como lo hizo.

                                                                                 Francisco Tomás Ortuño, Murcia