Litesofía
–entre literatura y filosofía-, 14 noviembre 12, Miércoles
Fragmento
Acabo de leer un libro sobre el origen
de la aviación. Me imagino cuánto gozarían los hermanos Wright –Wilbur y
Orbille- con su Flyer haciendo pruebas en solitario; era la ilusión de sus
vidas desde que arreglaban bicicletas en un modesto taller de Dayton.
He leído la historia de un Serpa
–cargadores en las expediciones al Himalaya- que soñó con llegar antes que
nadie a la cima del Everest. Es asombroso ver cómo, tras varias tentativas, lo
consigue.
Se trata de Tenzing, montañero de
Nepal, que acompañó a suizos e ingleses para terminar él y su inseparable amigo
Hillary con la gloria de la conquista del techo del mundo (29 de mayo de 1953).
“Hillary sacó su cámara fotográfica, yo desaté las cuatro banderas que llevaba;
y Hillary me tomó una fotografía. Le hice señas de que yo tomaría la suya, pero
él, por razones que ignoro, me dijo que no con la cabeza. Lo que más sentí
cuando nos aprestábamos a descender fue la gran presencia de Dios. Le di las
gracias”.
Los hermanos Wright soñaron con volar
y lo lograron; los amigos Tenzing-Hillary quisieron con ilusión alcanzar su
meta y lo consiguieron. Y es que el misterioso sueño que nos mueve a cada uno
señala caminos de dicha si vemos por él y terrenos de tristeza si lo dejamos.
El tema de las vocaciones es el tema
de los sueños. Hay que respetar inclinaciones naturales. Hay que dejar obrar a
la maestra de maestras naturaleza.