¿Por qué nos gustan los Viernes? ¿Por qué los Lunes nos desagradan? Por el trabajo, sin duda: los Lunes tienen días por delante de trabajo; los Viernes son vísperas de fiesta; o, por lo menos, de hacer cada cual lo que le venga en gana y a su aire. Cuando hay una fiesta en medio de semana, la semana es más simpática. Hay que ver los Lunes con ilusión. Cuando los convirtamos en días alegres, habremos cambiado la sociedad.
-¿Y cómo realizar el milagro?
-Pues, dulcificando el trabajo.
-¿Y cómo?
-Haciéndolo más ameno. Dando a cada cual su preferido, su auténtico trabajo, su puesto ilusionante. Cuando el hombre vaya al trabajo como va a una fiesta, cuando le sea tan grato que no lo cambie por otro ni por nada del mundo, rendirá más, se sentirá mejor.
El problema del trabajo está por revisar. Estarás conmigo en que así no debe seguir; es injusto en todos los terrenos: unos trabajan y otros no; unos trabajan muchas horas y otros pocas; unos en tareas duras, y otros en faenas suaves. El reparto del trabajo es de lo más injusto que tenemos. Hay que revisar las estructuras sociales, humanizar los trabajos, y repartirlos mejor.
Cuando el trabajo sea liviano como pluma y grato como caricia, los Lunes serán, sin duda, como los Viernes. Hoy no, hoy, para una inmensa mayoría, son odiosos, y hasta peligrosos.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia