Litesofía –entre literatura y…-, 15
noviembre 12
-Ayer
fue el día de la “Huelga General” en España. Querían los Sindicatos que fuera,
como su nombre indica, tan general que no quedara nadie sin acudir. Pero quedó
en “Huelga Reducida”, escasa, raquítica, tan pequeña que apenas se la vio. Y es
que la gente en España no quiere huelgas, a ver si se enteran Toxo y Méndez; la
gente quiere tranquilidad y buenos alimentos; un partido de fútbol y una
cerveza con los amigos y les basta.
-¡Vamos
a la huelga, Macario!
-¡Déjame
en paz, Argimiro, que estoy bien así!
-¿No
ves que hay huelga general, Macario?
-Di
que no estoy, Argi: nadie me va a echar en falta.
-¿Sabes
que el veinticinco hay votaciones en Cataluña?
-¿Y
qué se vota en Cataluña?
-Si
quieren o no la independencia.
-¿Qué
independencia, Argimiro?
-La
independencia de España, Macario.
-¿No
fue ya esa guerra un dos de mayo?
-Aquella
fue de los franceses, cuando Napoleón quiso poner aquí a su hermano.
-Ah,
sí, que Castaños ganó en la batalla de Bailén; yo lo estudié en la escuela.
¿Esta es otra?
-Esta
es la de Mas, que quiere el País Catalán para él solito.
-No
debe estar bien de la cabeza este señor Mas.
-Pues
sí, eso quiere, y la gente le sigue la corriente, y hasta irá a votar el día
veinticinco.
-Entonces
es que hay más de un Mas chiflados en Cataluña.
-Eso
debe de ser, Argimiro. Con lo bien que se viviría sin huelgas ni votaciones.
-Debe
ser una enfermedad. Como la carcoma, que se alimenta de la madera. Un
mueble es feliz y de pronto es atacado por el insecto y ya la tienes. “¡Déjame
en paz, bicho, que yo no me he metido contigo!”. Pues quiera o no quiera tiene
que defenderse. ¿Y las oliveras que son atacadas por una mosca? Lo mismo.
Cuando mejor vive viene la mosca a chupar sus jugos y acaba con ella. O en el
hombre ciertas enfermedades.
-Yo
creo que el hombre es el animal más belicoso que existe. Tú estudia la Historia y verás que
siempre ha habido guerras. Siempre. Desde que Dios lo puso en el Paraíso
terrenal. Con lo bien que estaba y mira por dónde vino el Demonio a molestar.
Ya no paró. Luego Caín mató a su hermano. Y eran cuatro gatos, que luego…
Fue
el maldito Demonio, que no le dejó parar nunca.
-Pero
esa mosca que ataca a la oliva ¿qué tiene que ver con el demonio?
-Pues
sí tiene que ver, que es un ataque indirecto el suyo. Las guerras entre seres
inanimados repercuten en los hombres, Argi. El Demonio sabe lo que se hace. Hay
guerras directas, que son de hombres contra hombres, y guerras indirectas, que
son las que destruyen cosas que el hombre necesita. Parece que no, pero el
Demonio, que es astuto, inteligente y malo donde los haya, sabe cómo atacar y
de qué manera. Pero siempre su enemigo es el hombre. ¿A él qué le va que un
animal mate a otro o que un insecto acabe con la cosecha de la aceituna? Él
busca hacer daño al hombre.
-¿Y
por qué será que la tiene tomada con él?
-Está
claro, hombre, por envidia. Él vivía antes tan ricamente y el hombre acabó con
su tranquilidad.
-¿Cómo
y por qué?
-¿Qué
pasa con los hermanos? Todas las atenciones van al mayor hasta que viene otro.
Entonces nacen los celos. Pues eso tuvo que pasar al Demonio cuando Dios creó
al hombre. “Hagámosle a imagen y semejanza nuestra”. Y cuando lo vio cerca
maquinó lo peor para destruirlo. Todo empezó allí. Fue la envidia, que es el
pecado más difícil de vencer. Mira si tuvo envidia Lucifer, Satanás, Luzbel o
como quieras llamarlo, que logró que Dios lo echara del Paraíso, que le quitara
los dones preternaturales que le había dado y trajera la enfermedad y la muerte
que antes no tenía. Por envidia, lo tengo claro. No pudo aguantar al ser que
había nacido después que él.
-¿Y
Dios lo consintió?
-Dios
sabe mucho más que él. En su plan ya estaba que fuera así, para que el hombre
alcanzara la gloria por méritos propios.
-¿Cómo
por méritos propios?
-Dotó
al hombre de libertad y dijo: “El que venza a Satanás, y solo ese, vendrá
conmigo para siempre”.