Litesofía entre literatura y filosofía-, 16 Marzo 2.013. S.Heriberto
PORVENIR
Los problemas humanos se repiten. Acabo de leer una obrilla de teatro
de Jacinto Benavente, titulada "Por las nubes"; una comedia en dos
actos que se estrenó en el teatro Lara de Madrid en 1909. El autor
quiere expresar, con términos grandilocuentes, de efecto en el teatro,
una verdad de Pero Grullo: que los padres no son los dueños de las
vidas de los hijos, aun habiéndolos traído al mundo. Emilia y Julio,
hijos respectivamente de Carmen y de Teresa, sufren el amor exclusivo
de sus madres, que no se resignan a perderlos. Y ahí está el
pensamiento de don Jacinto llevado al teatro en una pieza de tesis con
personajes de relleno. Quiere ser trascendente al final, cuando
compara este amor materno con España: "Hubo una madre como usted,
nuestra vieja España; pero hay algo más grande que el pasado: el
porvenir".
USURPACIONES
Digo que los problemas se repiten, ya que hoy ocurre lo mismo que en
los comienzos del siglo pasado y que en los tiempos de Roma: las
madres se olvidan de esa verdad elemental: el destino de cada persona
es suyo, exclusivamente suyo. Querer retener a los hijos más de lo
debido, o inculcar nuestras ideas en sus vidas, es usurpar un derecho
que les corresponde a ellos en exclusiva.
TECHOS
Lo que se hace con ilusión sale adelante contra viento y marea.
¿Conoces el origen de la aviación? Me imagino cuánto gozarían los
hermanos Wright -Wilbur y Orville- con su Flyer haciendo pruebas en
solitario; era la ilusión de sus vidas desde que arreglaban bicicletas
en un modesto taller de Dayton.
¿Y la historia de un sherpa -cargadores en las expediciones al
Himalaya- que soñó con llegar antes que nadie a la cima del Everest?
Es asombroso ver cómo, tras varias tentativas, lo consigue.
Se trata de Tenzing, montañero de Nepal, budista, que acompañó a
suizos e ingleses para terminar él y su inseparable amigo Hillary con
la gloria de la conquista del techo del mundo (29 Mayo 1953).
"Hillary sacó su cámara fotográfica, que llevaba bajo el brazo, y me
tomó una fotografía. Le hice señas de que yo tomaría la suya, pero él,
por razones que ignoro, me dijo que no con la cabeza".
"Lo que más sentí en el momento en que nos aprestábamos a descender
fue la gran presencia de Dios. Le dí las gracias desde el fondo de mi
alma".