Litesofía –entre literatura y filosofía-, 5 junio 2014, jueves, San Bonifacio
Fragmento
El aún Príncipe don Felipe, viendo que se precipitan los acontecimientos, llama en secreto a los jefes de los dos partidos mayoritarios en España. A puerta cerrada, en un saloncito del Palacio de la Zarzuela, los recibe amistosamente.
-Se estarán preguntando para qué les hago venir –dice de entrada don Felipe.
-Yo, si digo otra cosa miento –contesta don Mariano-, como no figuraba su llamada en mi Agenda… Aunque debo confesarle, Alteza, que me figuro por dónde van los tiros.
-De tiros, nada –se apresura a decir el Príncipe-; nada más lejos de mi intención; esta reunión es amistosa.
-Yo tampoco sé lo que nos va a decir –sigue don Alfredo-, pero, como Rajoy, pienso que está relacionado su requerimiento con la abdicación de su Majestad el Rey don Juan Carlos.
-Pues sí, de eso se trata, amigos míos.
Rajoy y Rubalcaba no saben a dónde mirar. El Príncipe, con barba, les inspira temor y respeto. Los cuadros de las paredes, los muebles oscuros de roble, estilo castellano, y las lámparas del techo, los coartan.
Por fin, don Felipe se pone serio y habla enigmático:
-Saben que a partir del dieciocho de este mes seré el Rey de todos los españoles.
Se hace un silencio que se puede cortar. Luego continúa:
-Como los demás Partidos, numméricamente hablando, cuentan poco al lado de los suyos, quiero que hablemos de problemas serios, importantes, trascendentes.
Se hace otro silencio largo.
-Mantenerse en el poder es vital para los tres. Si Cayo Lara se une a las Izquierdas emergentes como “Podemos”, “UPyD” y otros, sería peligroso, si no mortal, para el PP, para el PSOE y para el Rey.
Así que ojo don Mariano, ojo don Alfredo, ¡hay que unirse en las decisiones comprometidas, aun a costa de los propios intereses o deseos. Hoy por ti, mañana por mí. Ya ven que los republicanos están pidiendo en las grandes ciudades un Referéndum para votar por la República.
¿Qué me dicen? ¿Están de acuerdo con mi propuesta? Yo les apoyaría como Rey en lo que pudiera para mantener la paz en España.
-Yo -dijo don Alfredo- estoy de acuerdo, pero le recuerdo que, como el Rey don Juan Carlos, tengo mis días contados en el Partido.
-Pues yo, que también suscribo sus palabras y deseos, Alteza, hablaré con el sucesor o sucesora en el cargo de la Presidencia del Partido socialista y si fuera necesario repetiríamos esta Asamblea –dijo don Mariano.
-No se hable más, aquí ni fuera, con nadie, de lo acordado entre nosotros –terminó el futuro Rey.
Y como entraron salieron de nuevo los insignes mandatarios.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia