martes, 29 de abril de 2014

Azorín. Epopeya.

Litesofía -entre literatura y filosofía-, 29 abril 2014, martes
Fragmento
 AZORIN
A Azorín -José Martínez Ruiz- no se le puede leer deprisa. Es lento su caminar, pausado, repetitivo. Me lo imagino cruzando zaguanes y puertas morosamente. No puedes ir corriendo con él. Tienes que ir a su lado como de paseo por el parque.
"La novia de Cervantes" tiene páginas insuperables de belleza. "Un hidalgo", también. Describe situaciones de la vida cotidiana tan reales que parece que las vives, que sientes el frescor de un patio oliendo a rosas y a jazmines.  "Es en 1518, en 1519, en 1520, en 1521, o en 1522", así comienzan sus "Raíces de España", donde canta el orgullo de los hispanos en el Siglo de Oro.
Cuando leemos páginas y páginas del maestro, lo sentimos cerca, como un amigo. Lo vemos mirar a todas partes, amable, educado, atento,  con un bastón en su mano. Nos recuerda a un abuelo que pasea plácidamente, esperando la hora de ir a descansar.
EPOPEYA
            ¿No te parece como si fuera la humanidad una “troupe” que tuviera como misión representar una comedia? El escenario, gigantesco, colosal; nosotros, los actores, los justos, señalados previamente. Cuando le toca salir a uno, alguien lo llama, representa su papel y fuera. Un papel siempre corto, modesto, sencillo. Siglos, milenios esperando; le toca el turno y sale a escena; termina su papel y se acabó. La obra en su conjunto debe de ser monumental.
Los años, los meses, los días, como los actores,  son parte de la comedia. Protagonistas de un instante. Lo mismo que esta mesa donde escribo, que esta silla y que este bloc. De lejos se verá a cada uno, en su momento, aparecer y desaparecer, nacer y perderse, como estrellas fugaces, como puntos escondidos pero necesarios de un tapiz.
La epopeya universal tendrá que haberla creado Alguien. Alguien superior, externo y poderoso sobre toda ponderación. ¿Qué fin tendrá la obra? ¿Sólo un capricho de su Creador? Parece pobre fin a tamaña grandiosidad. ¿Nos reunirá luego a cuantos hemos participado para decirnos lo que se propuso? ¿Nos veremos cuantos hemos intervenido para celebrarlo? Tanta obra para no dar fruto, para ser un sueño vano, para quedar en nada, no tiene sentido.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia