lunes, 14 de octubre de 2013

Salvador García Jiménez.

   ¿Cómo se llamaba este autor que inventó una máquina y retrocedió a los tiempos de Jesucristo? ¡Qué fácil le resultaría así seguir sus pasos y decir lo que quisiera! Con su máquina del tiempo inventaba otra vida de Jesús y decía que jugaba con sus hermanos o que tuvo una novia.
   Salvador con su libro me lo recuerda: A la Virgen de las Maravillas, que tanto se venera en Cehegín, la trasladan de un taller napolitano a España, y cuenta –la Virgen- lo que oye y ve en el camino. Luego la compran unos franciscanos y la llevan a Cehegín.
   La idea es buena para un escritor como Salvador García, que sabe expresar tan bellamente lo que dice, y que, al mismo tiempo, su loca fantasía aprovecha los recuerdos de su infancia con los frailes. Si no fueron todo lo buenos que él hubiera deseado, le pueden hacer decir a la imagen lo que él quiera que diga.
   Y ahí está el peligro de su obra. Supongamos que dice la Virgen que fray Gerundio de Campazas confiesa en voz alta que siente odio por el padre superior. Como el novelista puede decir lo que quiera, parece que es verdad lo que dice. Cuánta gente se fía de los medios: “¿Cómo va a ser mentira si lo dice la tele?”. Y en estos casos lo mismo: “Si lo dice la Virgen es que es verdad”.
   El mismo Cervantes, maestro de novelistas, escribía capítulos del Quijote con hechos reales vistos por él. ¿Qué fue si no el traslado de unos restos que viera don Miguel y luego llevara a su novela? ¿No se aprovecha de su huida de Argel con Zoraida para inventar historias que no existieron?
   No debe extrañarnos que Salvador García escriba la historia de la Virgen de las Maravillas a su modo, sin pensar que “alguien” pueda sentirse ofendidos. El que se crea capaz que coja papel y pluma y escriba otro libro con milagros de la Virgen, como hizo Berceo. Pero eso no está al alcance de cualquiera. Te felicito, Salvador. Sigue en esa línea, que sólo saben y pueden los verdaderos maestros de la pluma y del pensamiento.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia