Litesofía,
24 Octubre 12
He leído otra vez “Historias Nacionales” de Alarcón –Pedro Antonio-.
Están contenidas en un libro de la Colección Austral –núm. 1072-.
Según confiesa él mismo, escribió estos relatos entre los veinte y los
veinticinco años.
Teniendo en cuenta que nació en 1833 –en Guadix, Granada-, dichas
historias vieron la luz primera por la década de los cincuenta del
pasado siglo. Se ve en dichas historias a un Alarcón joven,
apasionado, romántico y realista a la vez, así como destellos claros
del narrador extraordinario que se revelara en su “Diario de un
testigo en la guerra de África”.
Lo que cuenta -que no vivió, por cierto- de la Guerra de la
carbonero alcalde”, por ejemplo, los lepezeños –gentilicio de la villa
de Lapeza, en Guadix-, quedan como buenos, y los seguidores del
general Rodino como bestias y despiadados.
Creo que se pasa en la pintura de los hechos, aunque hay que reconocer
que es de efecto lo que dice. Psicológicamente se ve una obra de
juventud, pero con aderezos de madurez. A los franceses les gustará
poco que se disponga a los paisanos de Manuel Atienza, el alcalde,
contra ellos, de la forma en que lo hace.
Particularmente me reservo la opinión que esta postura patriótica
-¿chauvinismo?- me merece; pero diré que esta clase de lecturas tiene
la virtud, poco recomendable, de encender odios y crear enemistades
durante siglos entre las personas, de recordar acciones pasadas que
deben olvidarse.