Litesofía –entre literatura y filosofía-, 30 Mayo 2.013, San Fernando
MARIDAJES
Yo tengo un alma que no muere y un cuerpo que morirá. Mi cuerpo es la envoltura, la vasija, el recipiente. Dentro va mi alma que no sufre pero soporta los alifafes de su envoltura. No sólo soporta y acepta sino que los respeta y alivia en lo posible. Le ha tocado en suerte ese cuerpo de por vida y, como en el matrimonio, deben ambos formar unidad y ayudarse en los contratiempos. No es resignación la postura adecuada; debe ser convicción de que son el uno para el otro por voluntad superior.
Mi alma y mi cuerpo forman un maridaje indisoluble. Los dos son uno y se ayudan en simbiosis perfecta. El cuerpo recibe consejos del alma; y ésta, por su parte, ve, oye, viaja y conoce a través de su cuerpo. ¿Cabe el divorcio en esta unión? Sí, pero con la separación los dos se destruirían. Un alma que sienta aversión por el cuerpo que le tocó en suerte por enfermo, deforme o feo, siempre andará triste, mohína, apenada. Un cuerpo que no atienda los consejos de su compañera, vivirá desaseado, solo y triste. El hombre y la mujer nacieron para vivir juntos y ayudarse mutuamente. El cuerpo y el alma lo mismo.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia