Litesofía –entre literatura y filosofía-, 19 marzo 2.013, San José
ABANDONOS
A ciertas edades, en la juventud temprana, lamentablemente, la cabeza no funciona con madurez, y menos gobierna en determinados asuntos. Hay fuerzas arrolladoras en el cuerpo que no le dejan obrar con la razón."Si hubiera podido", "si hubiera sabido", dice más tarde, cuando el mal no tiene ya remedio. Esas fuerzas violentas obnubilan y se obra sin reparar en las consecuencias. ¿No sería conveniente en esos casos-en contra de la mal entendida libertad humana- llevarlos del ramal,como a los perros, cuando salen a la calle?Los padres obrarían con prudencia no dejando solo al hijo, a la hija,en trances tan difíciles, y ya me entiendes. El hijo, la hija, a sus pocos años, está dominado por las pasiones, y no es justo dejarles solos y allá te las entiendas, frente a la baraúnda impetuosa de su animalidad. Los padres debieran dirigirlos con sabiduría, con prudencia y energía, por derroteros de luz, y no abandonarles a su suerte como si no les importara su destino.La elección de mujer, de hombre, para el matrimonio, no digo que deba ser de los padres, hasta ahí podíamos llegar; pero la madurez de los mayores debería imponerse en todos los actos importantes de la vida atolondrada de los hijos. Quiero decir y me repito, que en asuntos tan trascendentes como es encontrar a la mujer, al hombre, para formar una familia, los padres deberían intervenir más de lo que suelen. Que una chica tenga el pelo largo o unos ojos bonitos, o que un joven sea musculoso y alto, no es garantía de ser la madre ideal, el marido mejor, aunque el hijo, la hija, no lo vean. No sé si me explico:quiero decir y termino, que si una joven, un joven de discoteca, hace perder el juicio al joven, a la joven de turno con su risa y su vaso de ginebra en la pista de baile, sería justo que alguien que lo siguiera de cerca, le echara una mano y lo librara del peligro. Y nadie mejor que los padres, que tienen la santa obligación de educarlos. Luego se lo agradecerían o, si no es así, se lo echarían encara con desprecio por no haberles ayudado en momentos tales de locura.