lunes, 17 de diciembre de 2012

Paciencia. Submarinos. Colegios.


Litesofía –entre lite y filo-, 17 diciembre 12
Fragmentos

            PACIENCIA
            ¿Maestro con título? Sí, pero, sobre todo, con paciencia y amor. ¿Qué buscamos con este niño? Que sepa leer. Pues paciencia y amor. "Mamá". "Repite". “Mamá”. "Ahora yo: Mamá". "Dí conmigo": “Mamá”. "Yo primero: mamá". "Ahora te toca a ti". "Vamos a leer. Yo primero y tú después, como si fueras el eco: Mi pelota”, “mi pelota". “Mi pelota bota”. “Aquí dice que mi pelota bota”. Ríen los dos. "Vamos a dejarlo; mañana más".

            SUBMARINOS
            La atmósfera es un mar de aire. Nosotros vivimos en el fondo. Y construimos casas pegadas a las rocas. No podemos salir de ahí,  a construir fuera; sólo  en lo más profundo. Miramos hacia arriba. ¿Qué habrá más allá? Ay, vanidades humanas: somos como peces que quisieran saber qué hay fuera del mar. En el intento perecerían.    

            COLEGIOS
            El niño necesita de Colegios grandes, casi ciudades ad hoc, donde se muestren actividades de todo tipo: música, lengua moderna, dibujo, electricidad, carpintería, mecánica... una gama de trabajos y saberes donde esté representado el mundo del adulto. Enseñanza completa.
En la enseñanza media, los alumnos dejarían ese amplio campo de actividades para profundizar en saberes más concretos: ciencias, letras, agricultura, sanidad...
En la enseñanza superior, el objetivo sería dominar un tema a la perfección: historia, medicina, derecho, dibujo, botánica…
            Creo que la enseñanza debe ser amplísima en su base para ir reduciéndose conforme se avanza en edad. Primero, de todo pero elemental; después, menos pero con más intensidad. El niño debe tener la oportunidad de conocer mucho; él mismo se encargará de apartar lo que no sea suyo.
La enseñanza debe ser como un cono, como una pirámide: base amplia y cúspide reducida.

Por favor.


Litesofía, 16 diciembre 12
A mi sobrina Ana Tomás Lozano

POR FAVOR

No me pidas que cocine
porque “se lleva”;
ni que friegue la vajilla,
ni que lave camisetas,
ni que cosa los botones
de mi chaqueta.

No me lo pidas, mujer,
Por más que en otros lo veas,
Ni que abrillante los muebles,
ni que barra la escalera,
ni que lustre los zapatos,
ni que prepare la mesa.

Y no es que lo vea mal,
Que sé que es de la pareja
desde criar a los hijos
hasta acudir a las fiestas...
¿Qué ha de parecerme mal?
lo veo muy bien, que lo sepas.

Mas no me pidas, mujer,
porque se lleva,
llevar el pelo muy largo,
ni arillos en las orejas,
que entonces, siendo yo niño,
allá por los años treinta,


que los hombres cocinaran,
que plancharan o barrieran,
no podía imaginarse,
no cabía en la cabeza,
y yo no puedo cambiar
tan fácil, aunque quisiera,

por más que a ti te gustara...
yo quiero que lo comprendas,
sería como cambiar
mi propia naturaleza:
Lo que se aprende de niño
a fuego en el alma queda.

No me pidas que cocine
porque se lleva.