domingo, 15 de diciembre de 2013

Plauto.

Plauto
En puertas de unas elecciones catalanas, he creído conveniente dedicar mi Litesofía de hoy a esta consideración, por si alguien no lo sabe:
La lengua es un ser vivo, como tú y como yo, que nace, se reproduce y muere. Rastreando en el pasado, llegamos a una lengua antiquísima, EL ARIO O INDOEUROPEO, que dio lugar a otras lenguas como el Indo, Albanés, Céltico, Eslavo,  Griego, Itálico… Del Itálico nacieron el Latín, el Osco, el Úmbrico… Y del Latín proceden el Español, el Francés, el Portugués, el Italiano, el Rumano…
El Español, con el descubrimiento de América, a finales del siglo XV, salta el Océano Atlántico, para incorporarse en Sudamérica menos en Brasil, en Centroamérica, en el sur de América del norte –Méjico-, y hasta en Filipinas cuando “el sol no se ponía en los dominios” de Felipe II.
Hay un parentesco indudable entre las lenguas: El Griego y el Itálico son lenguas hermanas; el Latín procede del Itálico y es madre del Español, etc.
El imperio romano hablaba el latín: -Virgilio, Horacio, Cicerón, Ovidio…-. Pero este imperio era tan grande -podía llamar al Mediterráneo “Mare nostrum”-, era tan descomunal que sus tierras estaban alejadas peligrosamente y el habla de sus habitantes comenzó a cambiar. Así fueron naciendo lenguas derivadas del latín que no se parecían: español, francés, portugués, italiano o rumano.
El primer monumento que ha llegado hasta nosotros en lengua castellana fue “El Cantar de Mío Cid”. Es, según Menéndez Pidal, del año 1140 y canta los hechos del Cid Campeador, en tiempos de Alfonso VI. Consta de tres partes: Destierro del Cid, Las bodas de sus hijas –doña Elvira y doña Sol con los condes de Carrión- y La afrenta de Corpes. Pertenece al Mester de juglaría y se compone de largas series de versos asonantados, de catorce sílabas divididos en hemistiquios (7  más 7 sílabas). Obra anónima, aunque al final diga: “Qui me scripsit scribat semper cum domino vivat, Per Abbat lo escribió”.
                                 Mio Cid Roy Díaz por Burgos entróve,
                                 En sue compaña sesaenta pendones;
                                 Exien lo veer mugieres e varones,
                                 Burgueses e burguesas, por las siniestras sone,
Plorando de los ojos, tanto avíen el dolore,
                                 De las sus bocas todos dizían una razóne:
                                 “¡Dios qué buen vassallo, si oviesse buen señore!”…
Del siglo XIII es Berceo. Gonzalo de Berceo es el primer poeta de lengua castellana que  ha llegado a nosotros. Debió morir en la segunda mitad del siglo XIII. Él mismo nos dice:
                                 Gonzalvo fue su nommem qui fizo este tratado
                                 En Sant Millan de suso fue de ninnez criado
                                 Natural de Berceo, on Sant Millan fue nado
                                 Dios guarde la su alma del poder del pecado.
Escribió vidas de santos: Santo Domingo de Silos, San Millán de la Cogolla y Santa Oria. Obras dedicadas a la Virgen: Loores de nuestra Señora, Duelo de Nuestra Señora en el día de la Pasión de su Hijo y Milagros de Nuestra Señora. Además: El martirio de San Lorenzo, El Sacrificio de la Misa, Los signos que aparecerán antes del Juicio, y otros.
                                 Era en una tierra un homne labrador,
                                 Que usaba la reia más que otra labor;
                                 Más amaba la tierra que non al Criador;
                                 Era de muchas guisas ome revolvedor.
                                 Fazie una nemiga, faziela por verdat,
                                 Cambiaba los mojones por ganar eredat;
                                 Façíe a tosas guisas tuerto e falsedad,
                                 Avíe mal testimonio entre su vecindad…
En la prosa, Alfonso X el Sabio, que marca los orígenes de la prosa en lengua castellana: Crónica general -Historia de España hasta Fernando III-; Grande e General Estoria –intento de historia universal-; Loor de España –exaltación nacional-; Las partidas-quiere robustecer la autoridad real-; Libros de ajedrez –costumbres de su tiempo-; etc., etc.
Del siglo XIV es Don Juan Manuel, con ideas ya sobre el estilo: “Un buen estilo se caracteriza por su sobriedad…”. Escribe sobre el gobierno de los pueblos. Concibe a España como un todo presidido por Castilla. Admite la autoridad suprema del Pontífice, que debe estar en relación estrecha con el Emperador (“deben ser muy avenidos”): El Libro de los Estados, Libro del  Caballero et del Escudero, El Libro de Patronio o del Conde Lucanor -colección de apólogos con los que el joven Lucanor es aconsejado por su ayo Patronio-.
Siglo XIV: El Arcipreste de Hita –El Libro de Buen Amor: Tiene al propio Arcipreste como protagonista, el cual narra sus amoríos, a los que ayuda Trotaconventos, vieja sin moral:
                                 El dinero quebranta las cadenas dañosas,
                                 Tira çepos e grillos, presiones peligrosas;
                                 El que non da dineros, échanle las esposas:
                                 Por todo el mundo faze cosas maravillosas.
                                 El faze caballeros de necios aldeanos,
                                 Condes e ricos omes de algunos villanos;
                                 Con el dinero andan todos omnes lozanos,
                                 Quantos son en el mundo le besan hoy las manos.
   ¿Para qué seguir con “El siglo de Oro” de las letras españolas”? Cervantes, Lope de Vega, Tirso, Alarcón, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz…

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia