lunes, 13 de enero de 2014

Petos sin camisa.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 12 Enero 2.014, Domingo



Petos sin camisa



-Murcia, las nueve, aquí de nuevo; el cielo quiere llover.

-Lo dijo ayer el sustituto de Brasero.

-¿Y dónde está Brasero?

-Estará constipado o de vacaciones.

-Las vacaciones acabaron, Julián; debe de ser que ha cogido la baja por enfermedad; hay epidemia de gripe en varias regiones de España.

-¿Y no se libran “los del tiempo”?

-¿Qué tendrá que ver la velocidad con el tocino, Julián? Una cosa es decir si va a llover mañana y otra coger un constipado.

-Sí, pero sabiendo que va a hacer frío o que va a llover, podía quedarse en casa.

-Que no, hombre… Si coge el virus, a guardar cama y que se vaya pronto, ya sea Brasero, Urdangarín, el Rey o Méndez el sindicalista. Todos pueden sufrir el ataque del invisible.

-Claro, estos bichos juegan con ventaja, como no se ven, se cuelan por donde quieren. Yo si pudiera hacía un pacto con ellos.

-¿De qué pacto hablas?

-Como hoy, por lo visto, lo que se piensa puede hacerse, daría a estos virus lo que pidieran si atacaban solo a los malos; si fueran aliados del arcángel San Miguel en su lucha contra el demonio: “¡Atacad esa fortaleza!”, y ellos, a una, que atacaran al individuo.

-¿Piensas en alguien en particular?

-Como has nombrado a Méndez, pensaba en don Cándido, que ya está bien de gastar en langostinos los dineros de Cursos que no se dan. “¡Ahí van cinco millones de euros para formar a los trabajadores!”. Y luego va y se los gasta en relojes y francachelas.

-Pero igual su compañero Toxo: “Diez millones para los obreros pobres de Andalucía”. Y el cara se los gasta en Cruceros por el  Caribe con la señora.

-Pues anda que el yerno real pidiendo para Empresas fantasmas en nombre de su Majestad el Rey y luego gastando en amueblar sus chalés de Mallorca… A esos sí que debería atacar la gripe y no dejarlos salir de casa.

-Pero hasta no haber pagado el último langostino. Nada de cinco años de cárcel y a la calle Tú devuelves lo gastado que no era tuyo o te pudres en la trena.



-Japón, como sabes, es un país modélico, donde antes es el colectivo que el individuo. Así Tokio y otras grandes ciudades, son un modelo de limpieza, orden y seguridad. En Alemania fue lo mismo siempre. Se rehízo pronto de las dos grandes guerras, habiéndolas perdido, porque los ciudadanos tenían conciencia de Patria y trabajaban horas sin cobrar por levantar el país. Pero en España, si no te ven te acuestas, antes que trabajar por otro.

-Y si puedes, a gastar lo que no es tuyo.

-Esto viene de largo, Julián. Ya en los tiempos de Cervantes y la Santa de Ávila, en el Siglo de Oro que llamamos, usaban los caballeros petos, cuellos y puños sin camisa por engañar, presumir y aparentar que se tenía lo que no se tenía.

-La novela picaresca es un retrato de la sociedad que había.

-Y eso de que el sol no se ponía en los dominios de Felipe II, ¿no sería otra fanfarronada?

-Hombre, no desbarres, cada cosa en su sitio. No vas a dudar que el descubrimiento de América fue una gesta española.

-¿No era genovés su descubridor?

-Es broma, Julián: España es así y debemos estar orgullosos de ser españoles. Es el carácter que recibimos cuando Dios nos hizo.

                                                                                    Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Memoria.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 13 Enero 2.014, Lunes, San Hilario
Memoria
Cuando oigo las campanas de la iglesia, las mismas que oyera de niño, siento las sensaciones de entonces, que me llenaban de alegría. El tiempo vuelve atrás. Yo mismo vuelvo a la niñez. Su tañido quedó grabado en mí memoria para siempre.
¿Memoria del oído? Qué duda cabe. Los recuerdos nos transportan a momentos vividos antes. Lo que escuchamos entonces -risas, voces-, se fundió, se amalgamó con un mundo de emociones. Y ahora, al escuchar de nuevo estos sonidos, llevan a aquel instante con toda su carga de sentimientos.
Ocurre otro tanto con los olores. En la escuela, yo olía los lapiceros: eran cilíndricos, sin pinturas, de Johan Sindel. Su olor penetrante me agradaba en extremo. Lo mismo con las gomas de borrar, verdes o rosas, cuadradas o rectangulares.
Ahora, cuando llega a mis manos uno de estos objetos escolares, cierro los ojos y los huelo con delectación. Aquel mundo de emociones infantiles, vuelvo a revivirlo. Y es que, como digo, no es solo el olor lo que recuerdo, es todo lo que había mezclado,   imposible de separar, lo que me llega en su recuerdo.
Quiero pensar que todos los momentos de nuestra vida quedan grabados en el cerebro, y al evocarlos, vuelven mezclados con cuanto hubiera entonces a nuestro lado. No hay recuerdos puros, aislados. Son recuerdos, donde se juntan sentimientos y emociones.
Por ello, con algunos recuerdos nos sentimos tristes y con otros alegres. Corresponden a momentos felices o infelices de nuestra vida.

                                             Francisco Tomás Ortuño, Murcia