lunes, 13 de enero de 2014

Memoria.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 13 Enero 2.014, Lunes, San Hilario
Memoria
Cuando oigo las campanas de la iglesia, las mismas que oyera de niño, siento las sensaciones de entonces, que me llenaban de alegría. El tiempo vuelve atrás. Yo mismo vuelvo a la niñez. Su tañido quedó grabado en mí memoria para siempre.
¿Memoria del oído? Qué duda cabe. Los recuerdos nos transportan a momentos vividos antes. Lo que escuchamos entonces -risas, voces-, se fundió, se amalgamó con un mundo de emociones. Y ahora, al escuchar de nuevo estos sonidos, llevan a aquel instante con toda su carga de sentimientos.
Ocurre otro tanto con los olores. En la escuela, yo olía los lapiceros: eran cilíndricos, sin pinturas, de Johan Sindel. Su olor penetrante me agradaba en extremo. Lo mismo con las gomas de borrar, verdes o rosas, cuadradas o rectangulares.
Ahora, cuando llega a mis manos uno de estos objetos escolares, cierro los ojos y los huelo con delectación. Aquel mundo de emociones infantiles, vuelvo a revivirlo. Y es que, como digo, no es solo el olor lo que recuerdo, es todo lo que había mezclado,   imposible de separar, lo que me llega en su recuerdo.
Quiero pensar que todos los momentos de nuestra vida quedan grabados en el cerebro, y al evocarlos, vuelven mezclados con cuanto hubiera entonces a nuestro lado. No hay recuerdos puros, aislados. Son recuerdos, donde se juntan sentimientos y emociones.
Por ello, con algunos recuerdos nos sentimos tristes y con otros alegres. Corresponden a momentos felices o infelices de nuestra vida.

                                             Francisco Tomás Ortuño, Murcia

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