Litesofía –entre “lite” y “filo”-, 16 junio 2014, lunes
Fragmento -por ayer-.
Santana, las ocho a.m. Por la víspera se conoce el día, que pronto será verano. Mamá lee en la puerta de la cocina y yo escribo aquí, en el comedor, con las puertas abiertas, como Tarzán en la selva.
-¿Sería siempre verano para Tarzán? Siempre lo vi ligero de ropas, Julián. Es la imagen que todos tenemos de él. Con pantalón, camisa, corbata y chaqueta sería otro.
-Cómo nos gustaban a los niños las películas de Tarzán! Lo recordamos gritando y saltando con lianas por entre los árboles. Era el defensor de la selva contra sus depredadores. Siempre ha caído bien el que lucha contra el invasor. Y la selva se convierte en un país invadido.
-¿No eran los países americanos otras selvas, que defendían sus tierras cuando otros iban a quitárselas? Con caballos y flechas, con uñas y dientes protegían lo que era suyo. “¡Fuera de aquí”, gritaban. “¡Esto es nuestro!”. Moctezuma, Atahualpa y tantos otros caudillos, murieron defendiendo sus territorios. “¡Os vamos a civilizar! ¡Traemos otra religión! ¡Os enseñaremos nuestra lengua!”. “¡Fuera de aquí!”, era su respuesta. Y si cedían era por la fuerza.
-Tarzán es el símbolo de la resistencia a ser ocupados por el hombre blanco. La propiedad privada ha debido respetarse siempre. Si tú tienes un territorio que te pertenece porque lo has ganado con el sudor de tu frente o te han dejado tus ancestros, no debe haber Ley que te impida conservar. Tu hogar, por ejemplo, donde crías a los hijos, debe ser sagrado, y no atropellado por la fuerza.
-Ya te has metido en harina de otro costal, Renato. De la selva o de los indios te has colado en otras políticas. ¿Vas a hablar de los desahucios?
-Perdona, Eleuterio, sin querer me he metido en la Política y esta debe tocarse con mucho tiento.
-¿El que ocupa una vivienda deshabitada, debe desalojarla por la fuerza?
-Mira, yo de Leyes no entiendo, pero la razón me dice que mejor ocupada que deshabitada. Si el que la ocupa no es dueño pero llueve, hace frío y no tiene donde estar, mejor que esté dentro que fuera. En una sana convivencia, quien disponga de vivienda –de playa, monte o ciudad- que no necesita, debería ponerla a disposición de quien no tenga para dormir. “Me la pides y yo te la dejo, que no te la doy; la propiedad es mía”.
Lo que no se puede hacer, Julián, es ocuparla porque está vacía y no querer salir de ella. Las casas que tienen dueño deben poder dejarse, pero sin perder la propiedad. No sé si está claro mi pensamiento. Habría para todos. Por encima de las casas están las personas, pero que estas actuaran como tales.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia