Litesofía –entre literatura y filosofía-, 2 Mayo 12
MEMORIA
Oigo las campanas de la iglesia. Las mismas campanas que oyera de niño. Siento las sensaciones de entonces, que me llenaban de alegría. El tiempo vuelve atrás. Yo mismo vuelvo a la niñez oyendo las campanas de la iglesia. Su tañido quedó grabado en mí para siempre.
¿Memoria del oído? Qué duda cabe. Los recuerdos nos transportan a momentos vividos antes; lo que escuchamos entonces, las campanas por ejemplo, se fundió, se amalgamó, se mezcló con su mundo de emociones. Y ahora, al escuchar de nuevo el mismo sonido, me lleva a aquel instante con toda su carga de sentimientos.
Ocurre otro tanto con los olores. En la escuela olía los lapiceros: eran cilíndricos, sin pinturas, de Johan Sindel. Su olor penetrante me agradaba en extremo.
Quiero pensar que todos los momentos de nuestra vida quedan grabados en el cerebro, y al evocarlos, vuelven mezclados con cuanto ocurriera entonces a nuestro lado. No hay recuerdos puros, no hay recuerdos aislados. Son momentos que se recuerdan, donde se juntan sentimientos, olores, sabores y emociones. Por ello, con algunos recuerdos nos sentimos tristes y con otros alegres. Corresponden a momentos felices o infelices de nuestra vida.

