Litesofía, -entre literatura y filosofía-, 28 febrero 2-013DESCONTROLESLas personas que se dominan, que se controlan, ganan siempre. No esque se dominen estas personas, es que son así. Hay personastranquilas, apacibles, serenas, y personas nerviosas. Pero tampoco eseso. Hay quien pierde la cabeza fácilmente, por el motivo que sea, yquien no se altera por nada. De las primeras decimos que no sabencontrolarse; de las segundas que tienen fuerza de voluntad. Y no eseso tampoco. Lo que ocurre es que unas personas están enfermas de losnervios y otras no. Las primeras no pueden controlar sus actos; lasotras no tienen necesidad de hacerlo.Ante una persona descontrolada, no cabe sino esperar lo peor. Comolocos de atar, pueden reaccionar de la forma más inverosímil: omatando con un arma o hiriendo de palabra. Cualquier cosa. Los odiosafloran y los sentimientos más viles aparecen. "¿Cómo ha podidohacerlo?”, ¿Cómo ha dicho tal cosa?", decimos luego. Y es que no hasido él, ha sido otro, a quien ni él mismo conoce. Ha sido un enfermomental, que lo ha privado de obrar en su sano juicio.Suerte la de esas personas que se controlan siempre, o mejor, que nose descontrolan nunca. Solo ellas, en determinadas ocasiones, piensancon lucidez y obran con cordura. Librémonos de las iras de losdesequilibrados; huyamos de ellos con prudencia, o, por lo menos, nonos acerquemos tanto que estemos al alcance de su locura.
jueves, 28 de febrero de 2013
Descontroles.
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