jueves, 19 de septiembre de 2013

El conde Lucanor (y 2).

Litesofía, 19 septiembre 2.013  -Continuación-

-¿Y que vuelva la Inquisición?
-No quería nombrarla, pero sí, una vigilancia extrema que denuncie los atropellos a lo quie ordena el Pontífice. Tú sabes que la Inquisición viene de “inquirir”, que quiere decir indagar o preguntar para obtener información.
Había un Tribunal permanente, distinto del ordinario, presidido por un Obispo, nombrado por el Papa, para luchar contra los herejes. Al intensificarse, en los siglos XI y XII, la actividad de los cátaros y albigenses, reaccionaron violentamente contra ellos los cristianos. Algunos dictaron la pena de muerte por el fuego.
Federico II publicó en 1.224 una ley por la que se imponía la pena de muerte a los herejes. Y Gregorio IX, en 1.231, aceptó para toda la Iglesia esta Constitución tomando diversas medidas para asegurar su cumplimiento. La principal fue crear el nuevo Tribunal de la Inquisición o Santo Oficio, del que se encargó la Orden de los Dominicos. Tal fue realmente el origen de la Inquisición.
Los que se sentían amenazados por ella tomaban diversas medidas: unos huían fuera; otros iban a Roma a pedir clemencia al Papa. Algunos conseguían Bulas que suavizaban las penas. Los procedimientos de tortura empleados más corrientes eran dos: el de los “cordeles”, que se apretaban hundiéndose en la carne; y el de la “toca”, que consistía en un paño que se introducía por la boca hasta la garganta, con lo que se ponía al reo al borde de la asfixia. La Inquisición fue suprimida en España por José Bonaparte en 1.808 y en 1.813 por las Cortes de Cádiz.
Como ves, hubo una Inquisición seglar, que aplicaban los reyes, y otra religiosa. Hoy el Papa podía aplicar cualquier medida para imponer su autoridad y no permitir que su Iglesia se rompa en pedazos como quiere Mas de España.


                                                                       Francisco Tomás Ortuño, Murcia