domingo, 7 de abril de 2013

Adán y Eva.


Litesofía -entre literatura y filosofía-, 6 abril 2.013 

Murcia, las ocho. Las fiestas tocan a su fin, Adalberto, y creo que la gente lo agradece.
-Yo pienso que no, Agapito. Si el tiempo acompañara…
-Hasta de lo bueno se cansa uno, Adalberto: en la variedad está el gusto. ¿Te imaginas que tuvieras que pasar la vida acostado, por mucho que la cama te gustara? No verías las maravillas que ofrece el mundo viajando por mar, por aire o por la misma tierra.
-Pues yo creo que muchos con los Huertos del Malecón, no se iban de Murcia. Entre trabajar fuera y no hacer nada aquí, preferirían quedarse.
-Pronto querrían salir del ambiente festivo para ocuparse en algo.
-No me convences, Agapito. Creo que la gente prefiere no hacer nada a trabajar.
-Tal vez los abúlicos. El hombre no se conforma con vivir como una planta, sin moverse. Quiere hacer cosas, ir, venir, crear… no sé, trabajar, producir…
-Sigo creyendo que la mayoría prefiere vivir sin esfuerzos.
-No entiendes la psicología humana, Adalberto. Hasta pienso, fíjate bien, Agapito, hasta pienso que Adán y Eva se aburrían tanto en el Paraíso, donde estaban, que fueron ellos los que llamaron a Satanás:
-¡Sácanos de aquí, por favor! -le dirían.
-¿Es que no estáis bien sin tener que trabajar, sin ocuparos de la comida y sin enfermedades? –contestaría el Diablo sorprendido.
-Es insufrible, tú no sabes lo aburrido que es tenerlo todo a pedir de boca y para siempre. No, por favor, sácanos de aquí.
-Eso que dices, Agapito, es nuevo, jamás otro lo había dicho ni pensado. Me gusta la idea. ¿Y qué les dijo el demonio?
-¿Preferís seguir aquí con todas las necesidades cubiertas hasta el fin de los tiempos o gozar del mundo que puedo mostraros?
Adán miró a Eva y Eva miró a Adán. Así permanecieron un momento hasta que Adán habló por los dos:
-Queremos hacer cosas por nosotros, aunque nos equivoquemos, queremos ser de otra forma.
El Demonio se quedó pensativo antes de responder:
-Que nadie diga luego que os he engañado. Habéis sido vosotros los que me lo habéis pedido, ¿vale?
-Sí, sí -se aprsuraron-, por favor, Lucifer, ¿qué hemos de hacer para salir de este estado de bienestar eterno?
-Venid conmigo –les dijo-. Y les enseñó los encantos del mundo, siendo compañeros en adelante.
Un día Dios los echó de menos y los llamó:
-Adán, Eva, ¿dónde estáis?
Volvieron a donde Dios los llamaba:
-¿Nos llamáis, Señor?
-¿No os dije que no salierais de este jardín que preparé con esmero para vosotros?
Esta vez fue Eva la que le respondió:
-Señor, como humanos, queríamos probar otras cosas. No podíamos soportar la soledad que padecíamos.
Y siguió Adán:
-Queríamos conseguir por nosotros y nuestro trabajo y probar lo que el mundo ofrecía. Todo no era comer y dormir. Era asfixiante el Paraíso que nos diste.
-¡Os engañó Satanás, maldito sea! –gritó como nunca le habían oído gritar-. ¡Os dijo que podíais ser como yo!, ¿verdad?
-No, no, te equivocas, Señor, no vino él, lo llamamos nosotros.
-¿Cómo? ¿Qué estáis diciendo?
-Fue así, que no aguantábamos más sin tener nada que hacer. No fue él quien nos llamó; fuimos nosotros que le suplicamos que nos sacara, que nos enseñara el mundo y si era preciso el pecado.
-¿Habéis dicho el pecado? Eso es propio de Satanás.
-Otro mundo donde poder elegir y equivocarnos.
El Señor quedó pensativo un instante. Luego siguió más sereno:
-¿Acaso me equivoqué?
-Eres poderoso creando –siguió Eva-, pero creemos que te has equivocado dándonos una vida sin esfuerzos, cuando queremos decidir por nosotros y equivocarnos si es preciso.
Dios soltó una lágrima por primera vez que le resbaló por la mejilla. Al fin dijo:
-Os hice libres pero erré en el procedimiento. Ha tenido que ser el Demonio quien tuviera que enseñaros a ser verdaderamente hombres.