MIEDOS
Marañón hablaba del miedo cósmico. El hombre siente miedo al vacío y necesita compañía para estar seguro. Esta tranquilidad no se la proporciona el vecino que pasa y no mira; tampoco una masa de personas que lo desconocen. El espíritu detecta cuándo está acompañado y cuándo no lo está. Es muy sensible.
Se habla de soledad en compañía. Se puede estar solo entre miles de personas, y se puede estar acompañado con un buen amigo. Un vecino bueno vale más, en este sentido, que cien parientes lejanos. La compañía es necesaria para sentirse bien, para no tener ese miedo del que hablaba Marañón. Su espíritu rehúye la soledad. Dios proporciona inigualable compañía.
La muerte de los padres es algo más que perder a personas queridas. Es dejar una puerta abierta al vacío, es perder un apoyo que nos sostiene. Si se es niño, la pérdida puede ser mortal. Nadie puede llenar su vacío ni con las más íntimas de las uniones. Su alma siente miedo. Un miedo trascendente sin aparente justificación.