Litesofía, 15 octubre 12
Se acerca el uno de noviembre, día de Todos los Santos. La gente irá
una vez con flores a los cementerios.
Hace ya muchos años, cuando éramos niños nosotros, este día era
pavoroso. Sentíamos miedo como si en cada habitación fuéramos a ver la
sombra de un desaparecido. Nos hacían creer que los muertos salían
este día de sus tumbas.
Recuerdo con pena los años pasados esta noche arrebujados bajo las
mantas, sin poder dormir, contando las horas para ver la luz del nuevo
día. “¡Ya amanece!”, decíamos más sosegados. ¡Qué tranquilidad nos
traía el alba mañanera, como si con ella se esfumaran los temidos
espíritus.
Madrugábamos para ir a Misa –eran tres Misas seguidas las que había
que oír-; nos gustaba asistir a estas misas largas temprano, no tanto
por aliviar a los muertos con ellas según nos explicaban, cuanto por
salir pronto de la tenebrosa casa.