viernes, 14 de diciembre de 2012

Atropellos y superventas.


Litesofías entre literatura y filosofía-, 14 diciembre 12
Fragmentos
            ATROPELLOS
            Sin pretenderlo, escuché una conversación chocante, sorprendente. Una conversación que entre nosotros, españoles, puede ser paradigmática.
Uno hablaba de sus hijos; otro comentaba un viaje. No guardaba relación lo que decía cada uno. Cada cual, atropelladamente, iba a lo suyo. Como metralla, palabras y palabras disparadas al rostro del contrario.
Yo, árbitro improvisado, juez de la contienda, seguía paso a paso las incidencias del encuentro. Vi que los dos se abocaron sus cuitas, quedando satisfechos; pero ninguno supo de qué hablaba su interlocutor.
La despedida fue como sigue: "En fin, los hijos tienen estas cosas", por una parte. "Creo que volveremos otro año", por la otra. Y quedaron tan amigos.
           
            SUPERVENTAS
            El cine estaba lleno de niños y de padres. Era una venta disfrazada. Si quieres, una venta refinada.
Antes, los libreros exponían sus artículos en escaparates y aguardaban. Luego abordaron al cliente en su casa, en el hotel, en la oficina. Hasta fueron a los colegios, con obsequio incluido a los maestros.
Lo de ayer fue más: un ambiente cómodo -el cine-, un público seleccionado –padres y niños-, y una película con mensajes: "La educación del niño es necesaria", "El niño es lo primero", "Los padres no tienen tiempo". 
Y, ¡zas!, en el momento justo, luces en la sala y a ofrecer la mercancía. Señoritas elegantes abordaban a los papás con libros para vender y hojas para firmar. Ventas en firme. 
El cine se convirtió en un supermercado, donde los clientes, aturdidos, diría que hipnotizados, compraban libros sin excepción.