lunes, 20 de enero de 2014

Reposo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 20 enero 2014, lunes
            Por el sueño podemos conocer la salud de una persona. Cuando se duerme mal, algo no va bien. Nadie puede vivir sin dormir. Es el descanso del organismo, del cerebro. Así de simple. Cuando dormimos bien nos mostramos alegres. Cuando nos sentimos irritados, crispados, coléricos, puede ser que estemos faltos de un sueño reparador.
A muchos que gritan o se excitan sin motivo aparente, yo les diría en confianza: "¡Vete a dormir!". Y es que el cuerpo debe segregar alguna hormona traviesa que enferma, y necesita del sueño para librarse de ella.
            Niños que duermen, niños felices; mayores que no duermen, mayores preocupados. El sueño guarda, sin duda, relación estrecha con la salud de la persona: forma parte de la misma como el comer o el respirar. Es el cuerpo como una máquina: después de cierto tiempo de trabajo, necesita reposar; de lo contrario, su mecanismo se resiente.
Unas máquinas necesitan menos horas de reposo que otras. A las personas les ocurre igual: Seguir sus ritmos de trabajo y de descanso, su marcha particular, es lo más prudente y lo más rentable. No cabe sino seguirlas según vayan pidiendo. Ni exigir más de lo que puedan dar ni abandonarlas en un irracional descanso prolongado.
            Según esta idea, que coincide con los ritmos biológicos, cada persona es distinta de las demás. Y cada persona debe ir por la vida a su ritmo. De lo contrario puede forzar su funcionamiento, puede estar perjudicándola o destruyéndola poco a poco.
¿Será tan importante lo que digo que tengamos la solución de la vejez en nuestras manos? ¿Por qué envejecemos? ¿Por qué se destruye nuestro cuerpo? ¿No será que desde muy temprano le hacemos que funcione mal? Yo haría una prueba: Contratos de trabajo, no horarios por igual para todos los trabajadores.
El mismo Colegio puede ser perjudicial en este sentido. Habría que pensarse en otro tipo de escuelas, en otras estructuras sociales en las que cupiera acoplar los ritmos personales a los trabajos a realizar. Vivimos en un mundo sujeto a revisión, y este punto es tan importante que bien puede valer la pena de considerarlo en serio.

                                                                        Francisco Tomás Ortuño, Murcia