Litesofía -entre literatura y filosofía-, 29 mayo 2014, jueves, San Félix
Mi Litesofía de hoy se la dedico a Lina Mª Tomás Pastor
Fragmento
El pasado veinticinco fue el cumpleaños de mi hija. Vinieron sus amigas, vestidas de tunos, a la puerta y le cantaron “Clavelitos”, “Sal al balcón” y otras canciones, acompañadas de guitarras y panderetas.
Los vecinos se asomaban a la ventana para saber a quién cantaban los tunos tan temprano. Y los que dormían aún se despertaron con las tracas que siguieron al estilo de las fallas de Valencia.
No acabó la fiesta ahí. Luego se vinieron a Jumilla a comer; y allí pusieron un vídeo, que habían preparado de incógnito, con felicitaciones de amigas de todas partes: Madrid, Navarra, Filipinas, Corea y otros puntos de los cinco continentes.
Y es que como Lina no ha dos, que se lo pregunten a su padre. Es la personificación de las virtudes, sin dejar una: Es humilde, generosa, casta, frugal, diligente… Y lo mejor es que ella no lo sabe, o no hace alarde de saberlo.
Es como era su abuela Lina. Que se lo pregunten a su hijo, que tan bien la conoció.
-¿Pero se hereda la bondad? Que se herede el color del cabello o de los ojos… pero ¿dónde se encuentra la raíz de los sentimientos que pasan de padres a hijos? ¿Dónde buscar lo inmaterial que se cuela en la herencia?
¿Hay cromosomas espirituales que traspasan las generaciones? Herencia material, no hay duda; de la espiritual digo como Galileo con la Tierra: “Sin embargo, se mueve”. Y aquí: “Sin duda, la hay”.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia