sábado, 20 de abril de 2013

Azorín.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 20 Abril 2.013, San Teodoro
            AZORIN
            A Azorín no se le puede leer deprisa. Su caminar es lento en lo que describe, pausado, repetitivo. Me lo imagino traspasando zaguanes y puertas morosamente. No puedes ir corriendo cuando él va despacio. Saboreas con delectación el aire. Tienes que ir con él, como de paseo en una tarde por el parque.
"La novia de Cervantes" tiene páginas insuperables de belleza. "Un hidalgo" también. La prosa de Azorín es magistral. Describe situaciones de la vida cotidiana como pocos han sabido hacerlo. Las ofrece tan reales que parece que las ves, que las vives, que sientes el frescor de un patio oliendo a rosas y a jazmines.
"Es en 1518, en 1519, en 1520, en 1521, o en 1522", así comienza con "Las raíces de España", donde manifiesta el orgullo hispano de tener sirviente sin poder comer. ¿Podríamos imaginar a un Azorín atolondrado? Cuando leemos páginas y páginas del maestro, lo sentimos cerca, como un gato que duerme a nuestro lado, como un amigo.
Lo sentimos andar estirado, despaciosamente, mirando a todas partes, llevando en su mano un bastón. Amable, educado, observador, atento. Nos recuerda a un abuelo que pasea plácidamente, quizás con un nieto de la mano, esperando la hora de ir a descansar.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia