martes, 6 de mayo de 2014

Bríos.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 6 mayo 2014
A mi amigo Francisco Rubio
BRÍOS
Nota: El vencejo tiene plumaje blanco en la garganta y negro en el resto del cuerpo.; se alimenta de insectos y anida en los aleros de los tejados. Se parece a la golondrina. Vive en  España desde comienzos de la primavera hasta principios de otoño.

Antes, a mí me ilusionaban los viajes. Ahora también, pero menos. Los ímpetus  se adormecen. Cuando otros hablan de viajes largos,  yo prefiero quedarme en casa. Son los años, que nos aquietan, que nos duermen en un presente de paz.

Recuerdo que en otro tiempo quedar en casa era motivo de graves preocupaciones para mí: Era como una obligación salir, aunque fuera a ninguna parte.

Con los años nos hacemos moderados en el pensar, en el sentir, en el soñar. Lo que antes nos preocupaba, nos deja indiferentes; lo que alteraba nuestros pulsos,  nos resbala; lo que nos hacía ilusión, nos deja fríos.

            ¿Es mejor así?; ¿es peor? No sé. Los ardores juveniles crean sueños; la mesura y el reposo, sin embargo, nos hacen ver las cosas más objetivamente, más reales, pero menos coloristas. El joven corre tras un sueño; el mayor vive con menos sueños por los que correr.

Contemplo los vencejos que pasan cerca, escucho los mil ruidos que me circundan, siento la brisa sobre mi piel, saboreo la tranquilidad que me proporciona mi estudio, lejos del “mundanal”, con un libro entre las manos, y no deseo grandes cosas ni me inquietan otras. Soy feliz así, tranquilo, sin prisas, sin deseos vehementes. Es, quizás, la paz precursora de otra vida.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia