Litesofía –entre literatura y filosofía-, 15 abril 2014, Martes Santo
El domingo, sobre las doce del mediodía, pasé por el Mercadillo del Plano de San Francisco. Vendían objetos antiguos: monedaS, relojes, bastones, libros… Ojeando, que no hojeando, vi un libro que me llamó la atención: “Voces del más allá”. Sin pensarlo, lo cogí de su sitio, pregunté por el precio, lo pagué y me lo traje a casa. Reconozco que el tema me ha seducido siempre,me ha subyugado. Entre los libros que tengo en Santana, hay otros parecidos.
Te reirás, pero ¿sabemos cierto lo que hay después de la muerte? Y digo “cierto”, que es fuera de toda duda. Unos dicen que nada, otros que un juicio, otros que el cielo y el infierno… Si fuera tan claro como que dos y dos son cuatro, no habría por qué dudar.
Los “cuentos de miedo” que se dicen a los niños para tenerlos callados, funestos siempre, hacen imaginar luego un mundo de espíritus tan real como lo que tocan y lo que ven.
Don Juan Paco Baeza, profesor de filosofía, nos contaba en Clase que un señor oía ruidos en su habitación cuando iba a acostarse. Luego supo que un vecino limpiaba la pipa de fumar dando golpecitos en una viga de su casa, que provocaban los ruidos que escuchaba. También hay quien asegura haber oído voces y mensajes del más allá.
Lo más fácil es negar que existan psicofonías o fenómenos paranormales, pero ¿se pueden explicar aún hechos que ocurren a menudo y esperan que alguien los explique empíricamente en un laboratorio?
La captación de voces puede obedecer a ilusiones sensoriales, como en la autopista, bajo un sol de justicia, ves agua y, si te acercas, no hay nada.
Pienso que la solución a estos fenómenos paranormales pasa por el cerebro. Cuando este se conozca mejor, podremos prescindir del psifón, que es un aparato para mejorar en cantidad y calidad la captación de voces. No hará falta como no harían falta gafas si viéramos bien sin ellas.
Mientras tanto, no aseguremos estar en posesión de la verdad, que todo puede ser. Yo, por mi parte, digo como Sócrates: “Solo sé que no sé nada”. Y si viera imágenes paranormales u oyera ruidos extraños cerca, pensaría que no eran verdad, que mis sentidos me estaban engañando.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia