Litesofía –entre literatura y filosofía-, 6 Noviembre 2.013
Exomatismos
En las muertes violentas, el alma revoloteará abrazada a su cuerpo por algún tiempo. La cogerá desprevenida y no se hará a la idea de que tiene que salir; se resistirá a partir creyendo que no es su hora.
Hay casos de exomatismos, en que el alma ve a su cuerpo desde fuera. Será curioso luego retornar y recordar el hecho. ¿Quién la impulsó a salir? ¿Fue una llamada a la huida que no admitía réplica? ¿Un desconectarse instantáneo, automático, como un movimiento reflejo?
Me imagino que el alma va con su dueño confiada, tranquila. Cuando hay enfermedad, debe ponerse en guardia, nerviosa, y hasta adoptar los gestos del viajero que, próximo a su destino, busca las maletas con la vista.
Mas en el caso de un accidente, el alma debe llevarse un susto morrocotudo. “¿Qué ocurre?, ¿qué pasa?”. No es de extrañar que se abrace al cuerpo y se resista a dejarlo; es más, debe de ser inevitable.
Yo quisiera que mi despedida fuera de las naturales. Que el alma dijera: “¡Ya estoy lista”. Y luego: “Otro poco, ¿vale?”. Como quien lo piensa en el andén y tiene veinte despedidas. Y al final, como jugando, una caricia leve y ¡hasta siempre!
Francisco Tomás Ortuño, Murcia