Litesofía –entre literatura y filosofía-, 22 Noviembre 2.013
Conjeturas
Hasta no hace mucho tiempo, los niños no iban de viaje de estudios con los compañeros de Colegio. Mas era fácil adivinar que llegarían estos viajes. Siempre sabrían mejor lo que era un pantano o un río viéndolos que con explicaciones en el aula, aparte lo que conllevaría el viaje para estos niños de relación, de diálogo, de compartir, de conocer a otras personas.
Lo mismo ocurría con las piscinas y las playas. Por entonces, se echaban de menos estos lugares de reunión que hay ahora. Se intuía que llegaría el momento en que la gente se lanzara en tromba al agua limpia y vigilada de lugares concurridos. ¿Cómo iba a ser normal ir a charcas de aguas estancadas? Por lógica se adivinaba que estas situaciones tenían que cambiar.
En las personas es fácil saber lo que sigue a cada momento: su ciclo vital nos es archiconocido. Pero de la Humanidad, o río humano, conocemos solo el presente y no del todo. Ni sabemos cómo fue durante millones de años ni podemos conocer un futuro que no se ha visto. Como un niño que se viera solo en el mundo: ni sabría cómo vino a la jungla, ni menos lo que aún estaba por llegar.
La humanidad, como grupo, se pierde en conjeturas y misterios. Con todo, por hechos recientes nos atrevemos a pronosticar el futuro. Como quien ve una piedra lanzada y enfrente un cristal y prevé, décimas de segundos antes, que la piedra va a alcanzarlo y a romperlo en añicos. Esta es la ciencia que llamamos Prospectiva: Conocer lo que va a ocurrir por hechos imaginables casi evidentes.
¿Serían los profetas grandes prospectivistas, Isaías, Ezequiel, Joel, Amós y tantos otros, de quienes cuenta la historia que profetizaron hechos que ocurrieron en la vida del pueblo de Israel? ¿Personas con razonamiento muy desarrollado que enfebrecidos por un deseo, a la vista de injusticias e iniquidades, soñaran con un caudillo que los librara de la esclavitud?
Francisco Tomás Ortuño, Murcia