Litesofía –entre literatura y filosofía-, 7 marzo 2014, viernes, Santas Perpetua y Felicidad
Fragmento
Cuando iba a empezar a escribir, sonó el teléfono. Era mi hijo para decirnos que su mujer había salido bien de su intervención.
-¿Es que la han operado?
-De unos ganglios en la garganta -tumor pequeño que se forma en los tendones- que le molestaban al hablar. Aunque no eran graves para la dueña de tan molestos vecinos, mejor la intervención a que ha sido sometida, que muerto el perro se acabó la rabia. En ciertos casos hay que enfrentarse al mal sin pensarlo y cuanto antes mejor, que los ganglios no son de uno y lo conveniente es extirparlos y tirarlos a la basura.
No así en otros casos como las amígdalas, que están ahí para cumplir una función. Cuando mis hijos eran pequeños, había un médico cerca de casa, don Fulgencio, que soñaba por lo visto con quitar las amígdalas a los niños. Con mi familia se ensañó: empezó por uno y acabó con el último. ¡Qué mal rato les hacía pasar! Les introducía la mano en la boca y la sacaba llena de sangre con una almendra carnosa –de ahí el nombre- en su mano.
Recuerdo bien que Francisco Amós no podía andar de la clínica a Cánovas 90, donde vivíamos. Lo llevé a coscaletas y lo primero que dijo en el hall del edificio, antes de coger el ascensor, fue: “¡Qué bruto!”. Era lo menos y más educado que podía decir un niño de doce años ante tamaña crueldad.
Era el último. Si llega a quedar otro lo hubiera impedido a toda costa. Pensé luego, ya tarde, como dicen que piensan los españoles, que ninguna falta hacía quitarles las anginas, que si estaban ahí era por algo. Pero lo de Toñi es otra cosa. Que te cures pronto te deseamos todos.
-¿No vas a recordar que ha sido Miércoles de Ceniza?
-Memento homo… dice el cura al que impone la ceniza en la cabeza.
-¿Y qué quiere decir?
-Le recuerda que en polvo se convertirá. Con ese día empieza la Cuaresma: cuarenta días hasta Semana Santa. Tiempo de sacrificios y promesas que cumplir. Mi abuelo era fumador empedernido y durante estos cuarenta días no fumaba. Suponía un gran sacrificio para él. En algunas iglesias se practica el ayuno solidario, consistente en compartir la comida con los que no la tienen.
-¿Y tú qué vas a hacer en la Cuaresma?
-Los mayores de ochenta estamos exentos de ayunos y abstinencias.
-Te leo lo que dice San Mateo en 4, 1-11: “Jesús fue al desierto y después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches sintió hambre”. El demonio se le acercó y le dijo: “Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”. Pero Jesús le contestó: “No solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Entonces el diablo lo llevó a la Ciudad Santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: “Si eres hijo de Dios, tírate abajo que los ángeles te sostendrán en sus manos”. Y Jesús le dijo: “También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios”. Después el diablo lo llevó a una montaña y mostrándole los templos del mundo, le dijo: “Todo esto te daré si postrado ante mi me adoras”. Entonces le dijo el Señor: “¡Vete, Satanás, porque está escrito: Solo a Dios adorarás y a Él solo darás culto”. Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles y le sirvieron”.
Según Lucas, Jesús entró en Jerusalén llorando. Sabía muy bien lo que le esperaba detrás de aquellas palmas y aclamaciones”.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia