Litesofía,
22 Octubre 12
Lunes
fresco y húmedo. Murcia es propensa a gotas y artritismos. Hay mucha gente con
dolores musculares; con esqueletos averiados. Casas que se hunden. Porque dime
tú, si se cae el armazón, ¿qué van a hacer las partes blandas? Es como si se
llevan la escalera cuando estás subido en ella. Murcia es traidora con los
huesos. “Me duele la columna”, se oye decir. “A mí las rodillas”. “A mí los
hombros”. Y es que es implacable: cuando la toma con uno, no lo deja ya ni a
sol ni a
sombra, ni en primavera ni en verano. Ay, Murcia, Murcia, eres
hermosa y sin entrañas; como las sirenas: atraes y pegas sin piedad.
“Este médico hace milagros”, se dice. Pero el milagro no llega. Los
pies son cada vez más torpes, más lentos, y el mal de huesos, como la carcoma en los muebles, sigue su proceso irreversible, su destrucción despiadada.
sombra, ni en primavera ni en verano. Ay, Murcia, Murcia, eres
hermosa y sin entrañas; como las sirenas: atraes y pegas sin piedad.
“Este médico hace milagros”, se dice. Pero el milagro no llega. Los
pies son cada vez más torpes, más lentos, y el mal de huesos, como la carcoma en los muebles, sigue su proceso irreversible, su destrucción despiadada.