martes, 30 de octubre de 2012

Por la mañana, se huele a café.



Litesofía –entre literatura y…-, 30 Oct. 12

Por la mañana, se huele a café. Demasiado. En la esquina hay un tostadero, y su olor se expande a los vecinos. Te agrade o no te agrade, te siente bien o mal, has de tragarte cada mañana tu buena dosis de olor.

En la sociedad se mira poco por los demás. Cada cual va a lo suyo. No se pregunta si molesta o no molesta; no se disculpa nadie. Menos mal que el olor a café se soporta bien. Si no fuera así, tendríamos las mismas. Cuando se sale a la calle cuesta respirar.

En una ciudad vecina es peor. Allí se huele a ajos. Hay una zona a la entrada de esta hermosa población, que huele mucho a ajos. La gente que viva cerca estará inmunizada contra estos olores fuertes y penetrantes.

Yo, cada vez que paso por allí, me tapo las narices y piso el acelerador a tope, con riesgo de la multa consiguiente por exceso de velocidad. Pero es que me es insoportable.

Yendo a Cartagena, siempre por donde mismo, se huele a retrete. Este olor es insufrible. ¿Es que estarán allí abonando las tierras en todo tiempo? El coche se me llena de  partículas olorosas de fosa séptica.

La vida de relación es difícil. Hablando de olores, ¿qué me dices de algunas personas que huelen a perros muertos? Esto ya es más de lo que uno es capaz de soportar. Imagínate que debes compartir tu asiento en un viaje largo con una de estas personas.

¿O que hablas con alguien que no cierra la boca y te echa el vaho cual bombardas en la tuya? Cuando huele mal es que salen gases de un estómago sucio. El sudor debe tener también sus días. Cuando lo tiene malo, no hay quien lo aguante.

Si dejas los olores, coge los ruidos: La moto que pasa como una exhalación; el coche que pita cerca y te hace saltar del susto; la sierra que chirría por donde vives; las sillas de tu vecino; las voces
de los que gritan; los televisores a todo volumen; el ladrido de los perros…

Si no quieres los ruidos, ¿qué me dices de lo que hay que ver? Perros ensuciándose en las calles –como personas, ¿eh?, que tú lo sabes como yo-; escupitajos en las aceras, que debes ir sorteando para no pisar –no quieres ver y tienes que ir mirando, la cosa tiene gracia-… Sin duda, la vida de relación es difícil.