Litesofía –entre literatura y filosofía-, 15 enero 2014, miércoles, S. Cosme
Casualidades
Murcia, las ocho, en mi retiro. Voy a mi Taco Calendario, que me ayuda a empezar cuando las ideas duermen. “La imaginación es el ojo del alma”, dice su Pensamiento.
-Yo escribí ayer sobre las ideas en mi Soflama. Decía que van en la cabeza y salen como los pájaros de la jaula, si se les abre la puerta; como los toros de los toriles. Y decía que a veces escribes de un tema y te surge otro sobre la marcha. Era la “inspiración”, que llegaba cuando no la esperabas.
-Cuántas obras de la literatura nacerían así, de pronto, cuando el autor no pensaba escribir.
-¿Casualidad?
-Llámalo como quieras, pero nació sin ningún mérito: tropezó en su discurso, reparó en ella, la levantó y la siguió cuando echó a andar de nuevo. ¿Hubiera sido algo la idea sin el atento escritor que salió en su ayuda? No, ella hubiera seguido su camino y se hubiera perdido por la intrincada selva del cerebro.
-¿Mérito del autor? Tampoco. La idea iba en él, pero verla no fue crearla; vestirla no fue producirla. Podía haberla presentado a alguien que no sabía de su existencia: “Te presento a un amigo que nos conocimos ayer”. “¡Hola!, ¿pero es hijo tuyo?”. “No, qué va; lo saqué del maremágnum de lianas, bejucos, enredaderas y matas del bosque cerebral. Pero hijo no es: yo no lo he creado, él existía en mí sin saberlo yo.
-Sin él, yo no sería –protesta el ser rescatado-, él me ha alumbrado. Yo andaba perdido y él me ha sacado a la luz, me ha alumbrado.
-Pero yo no he sido su creador, él existía en mí. ¿Fue acaso Colón el creador de América? El continente existía cuando Colón dio con él y con sus gentes. ¿No sería vanidad desmedida por su parte pensar que había creado las tierras que encontró? Y yo lo mismo: si encuentro casualmente el germen de una novela, no puedo decir que la creo. Cervantes un día topó con don Quijote, que deambulaba por su cabeza, reparó en él, lo siguió y contó luego lo que le vio hacer. ¿Quién creó a quién? Ninguno sin el otro se hubiera distinguido. Uno, que ya existía, nació por el otro, que lo descubrió; y este no lo hubiera rescatado de no haber existido antes.
-Complicado lo que traes hoy a tu Litesofía. Pienso que quieres transmitir que nadie ha inventado los libros que llevan su nombre pomposamente en el frontispicio.
-Exacto. No hubieran existido si antes no hubieran estado en la cabeza del que los sacó de su mundo.
-O sea que son fruto de la casualidad.
-Tú lo has dicho, tanto como nosotros al nacer. Si yo existo es porque mis padres se conocieron. ¿No es casualidad que entre tantos millones de hombres y mujeres se conocieran ellos para que yo naciera? ¿Buscaban ellos que yo, Yo, naciera? No, nací por casualidad. Mis padres no fueron mis creadores; quizás mis rescatadores de otro mundo que existía, donde yo estaba. Y el cerebro es copia de ese misterioso mundo donde existimos potencialmente y alguien por casualidad nos rescata.
-Vale, vale ya, Jenaro, que te pareces a Platón. ¿Qué dice la hoja del Taco?
-Interesante. Frases de éxito: muchas gracias, por favor, buenos días, te quiero, te felicito… Son oportunas y de efecto inmediato.
-Hasta mañana.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia