Litesofía, 5 Noviembre 12
Mi amigo Equis es un buen amigo. Sin paliativos. Es la nuestra una amistad que
viene de largo. Lo mismo diría de muy pocos más. Los amigos se cuentan con los
dedos de una mano y sobran dedos. Habrá conocidos, muchos; pero amigos, grandes
amigos, muy pocos.
Esta amistad honda y duradera surge sin pretenderlo, por afinidad de sentimientos.
Un encuentro fortuito, una relación cordial, y un saber que la amistad prendió
para el resto de la vida.
Con la pareja, ocurre lo mismo. Descubrimos, cuando menos lo esperamos, sin pretenderlo, a la compañera, al compañero, que
nos parece ideal para la unión perfecta por el resto de la vida. El destino
favorece estos encuentros. Y lo que procede entonces es aceptarla como la
mejor, la tuya, la única, la que te correspondía desde el comienzo de los
tiempos.