Litesofía –entre literatura y filosofía-, 26 mayo 2014
Fragmentos
Dedicado a mi nieto Gabriel Tomás Muñoz
24 mayo 14
Santana de Jumilla, las siete y media de la mañana, sábado. El sol viene despacio por el Carche. Hoy para muchos es un día histórico: dos equipos españoles se juegan una Copa. Infantil si quieres, pero ayer cientos de coches partieron de España a presenciar el encuentro de esta tarde, a las nueve menos cuarto, en un campo lisboeta.
Yo, por Miguel y por mi nieto, con el corazón en la mano, quisiera que gane el Atlético de Madrid; con la cabeza, me decanto por el equipo blanco. Si tuviera que dar un pronóstico, diría un cuatro a uno. Y pienso que sería razonable, ya que el Atlético de Madrid acaba de proclamarse Campeón de Liga, y en la vida hay que saber compartir…
25 mayo 14
…
-¿No vas a decir nada del partido de ayer?
-Te cuento: El ambiente era fenomenal, lleno hasta la bandera, con los Reyes, Presidentes y Políticos de todos los colores. Yo veía que fallaba en mi pronóstico, porque cinco minutos antes del final, el resultado era de un gol a cero para los jugadores de Simeone. ¡Cómo sufrían los madridistas, incluido Rajoy, viendo que su equipo no colaba el gol del empate y que el partido tocaba a su fin.
Y la verdad es que el acoso era tremendo: allí no había más que medio campo, o mejor un cuarto y una portería. Hasta Casillas vino en ayuda de los suyos. Pim, pam, pum, fuera: el balón no entraba de milagro. ¿Tú has visto imanes de polos opuestos cómo se repelen? Algo así eran los palos de la portería rojiblanca: no había manera de que el balón entrara.
Ya se pensaba que debía de ser así por un destino fatal, hostil y perverso, cuando de pronto el balón entró en la portería de un testarazo de Sergio Ramos. ¡Qué salto dio Florentino! El Rey, que dormitaba, se asustó de los gritos. “¿Qué pasa, Sofía, qué pasa?”. “¡Un gol, Juan, un gol que han colado!”.
Medio campo se calló, y el otro medio saltó gritando no creyendo lo que acababa de suceder. El milagro se producía, el hechizo se vino abajo, y la realidad se impuso. Con los abrazos y los gritos de júbilo se llegó al final.
Llegada la prórroga, los atléticos tiraron la toalla, mantenida milagrosamente ochenta minutos de partido. Pronto vino el segundo tanto; luego el tercero, y por fin el cuarto, llegando así a mi pronóstico, que era lo más lógico pese a Miguel, a Gabriel y a los miles que soñaban como ellos que el Atlético de Madrid sería el vencedor.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia