Litesofía –entre literatura y filosofía-, 27 marzo 2014, San Ruperto –fragmentos-
Lenguajes
Murcia, jueves, las diez y cuarto, en mi retiro. El viento, pronosticado estaba, ha cesado. No así el frío, que se mantiene por debajo de los diez grados.
-Sé más explícito, Porciano, que por debajo de diez hay un mundo de posibilidades: no es lo mismo estar a nueve grados sobre cero que a veinte por debajo.
-Creo que sin tales sutilezas, me has entendido; ¿Cuándo bajamos aquí tantos escalones? ¿Cuándo hemos estado en Murcia por debajo de cero grados? Si digo que estamos sobre los diez grados, quiero decir sobre cero; lo demás es hablar por no callar.
-Con todo, debe aclararse lo que se dice.
-O no, Julián: que en el habla, tan importante es decir como callar.
-No entiendo.
-El silencio forma parte del lenguaje; ¿para qué decir lo que se puede entender? Envidio a los cartujos, que son sumamente parcos en palabras.
-Para parcos mis sobrinos.
-¿Hablan poco?
-Poco es mucho; son mellizos y se entienden sin abrir la boca. Creo que el suyo es un lenguaje nuevo, ¿cómo te diría yo?, un lenguaje visual: Con mirarse se entienden.
-Es curioso, ese lenguaje está por estudiarse. Yo sabía que las personas se comunican hablando, escribiendo, dibujando o por signos, pero por la vista lo desconocía.
-Hay más lenguajes, Julián, que luego conoceremos.
-¿Más lenguajes?
-¿Cómo piensas en alguien y de pronto asoma por la esquina? De alguna manera se han tenido que decir algo. Creo que te lo conté: Estaba trabajando un señor en el campo cuando de pronto, asustado, dejó lo que estaba haciendo y salió corriendo hacia el pueblo. Cuando llegó comprobó que su hijo, un niño pequeño, se había caído en una acequia a la hora que él lo sintió. ¿Qué pudo ocurrir? ¿Había pedido socorro el niño o había llamado a su padre? ¿Qué clase de lenguaje fue el suyo?
Inmigrantes
-Para mí, Rufo, que inmigrantes son los que llegan de países que no son de la Unión Europea.
-¿Por qué me sales por esas ahora, Ciriaco?
-Se consolida la Democracia en España, pero ¿qué me dices de la Unión? O somos o no somos. Si somos una nación a todos los efectos, donde no hay fronteras y la moneda es el euro, ¿a qué viene expulsar de Alemania, de Francia o de España, a los rumanos o los búlgaros que buscan trabajo? ¿Acaso en España echamos de Murcia a los andaluces o a los gallegos que vienen a trabajar? ¿Se pide pasaporte en Valencia a los que van a ver las Fallas, o en Navarra a los que van a ver los Sanfermines, o en Sevilla a los que van a ver la Feria? Mal veo, Ciriaco, que los negros de Somalia, de Etiopía o Sudán se la jueguen en cayucos, pateras o saltando la valla en Melilla para colarse en Europa, que son hermanos nuestros, pero peor aún que nos echemos de la nación europea a los propios europeos…
Francisco Tomás Ortuño
Doctor por la Universidad de Murcia