LIBERTAD
El mundo de los niños es singular. No tratar al niño como niño es forzar su naturaleza infantil, o romperla. Cuando en la escuela hay silencio absoluto impuesto por el maestro, pienso que los muelles están tensos, prestos a saltar al menor descuido. El silencio conseguido con el ¡chist! a cada instante, o la amenaza del castigo, habla bien claro de disciplina artificial. Lo opuesto al silencio que nace del trabajo, de la misma quietud creadora.
Si a los niños les mandas que estén calladoss, ya se obtiene un silencio artificial. Si les ordenas que estén sentados, o leyendo un libro, ya estás creando otro silencio artificial. El niño no puede estarse quieto, como le digamos los mayores. Su naturaleza se rebela. Si por miedo al castigo no se mueve, su quietud es forzada, antinatural y deformante.
Dejemos libre al niño, que esté sentado o de pie, que juegue o que lea, solo o acompañado; veremos que pronto se ocupa en algo, pero en algo escogido por él mismo. Entonces se produce un silencio de taller, otro silencio. Esta es la disciplina que ha de buscarse, la que nace de la libertad y se desarrolla libremente, sin miedos ni tensiones.