Litesofía –entre literatura y filosofía-, 19 Noviembre 2.013, martes
Ascética
Las personas se dividen en dos clases: buenas y malas, amables o perversas. Las buenas o amables no pueden ser malas; las perversas se reparten, a su vez, entre las que consiguen ser buenas por méritos propios –luchan, se vencen- y las que no pueden, o no lo intentan siquiera.
Las buenas son así desde que existen, y hagan lo que hagan serán como son; no pueden ser de otro modo. No hacen mal a nadie, no piensan mal; sólo pasan por el mundo haciendo bien sin proponérselo.
La mística y la ascética.
¿Tienen mérito las acciones de estas personas? El valor está en aquellos que se esfuerzan por ser mejores y lo consiguen; en los que luchan contra natura. Ahí está el gran merecimiento.
Los virtuosos y los malvados viven juntos. A los primeros no les supone esfuerzo obrar bien; a los otros sí. La lucha de la sociedad debe estar en conseguir que los que nacieron torcidos tengan un objetivo atrayente, fascinante, que les haga ser de modo diferente.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia