domingo, 20 de abril de 2014

Genéticas.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 20 abril 2014, DOMINGO

Genéticas  -fragmento-

-Los hijos copian de la madre hasta por la leche que maman.
-Es la herencia.
-Justo, que hay dos clases: la física, que salta a la vista; y la espiritual, que se ve menos, pero está ahí.
-¿Dónde?
-En las maneras, en los gustos...
-¡Qué gran misterio, ser como los padres!
-Pero no hay fatalismos, que a veces son opuestos: la madre así y el hijo asá, o al revés; o un hijo como la madre y otro como el padre; o igual en lo físico y distinto en lo espiritual. En mellizos se han hecho pruebas, separándolos al nacer; vayan donde vayan, a los muchos años se advierte que son hermanos.

-La genética tiene mucho por decir. Como hoy en los laboratorios  las uniones las selecciona el hombre… Si este es feo y va a alcanzar su objetivo, lo aparta: “Tú no, deja paso a  ese que va detrás, que es más apuesto”.
-¿Puede hacer eso el hombre?
-El hombre se ha convertido en un creador de la especie del futuro.
-¿Tanto poder tiene?
-Como hay millones de aspirantes a una novia, con paciencia puede escoger al más guapo, al más listo y al más bueno de los pretendientes.
-¡Qué bien!
-Incluso guardarlos aparte, en una sala de espera.
-La Naturaleza debe estar nerviosa. Si le han quitado su poder de gobernar, no debe estar tranquila.
-Fue empezar con los injertos en los árboles y ya no se paró. Hoy no sabes lo que comes. Y en animales lo mismo. Son cruces que el hombre provoca por su cuenta. Antes los perros y las perras se juntaban para tener perritos. Pero luego el hombre  juntó perros y gatas y no quieras saber los animales que nacieron.
-¿Pero en los hombres?
-Tú crees que iba a parar con sus pruebas? Se encerró en el laboratorio con su microscopio y a seleccionar ejemplares a su gusto: “¡Este es bizco, fuera!”, “¡este es mongólico, fuera!”, “¡este va a ser bajito, fuera!”. Y escoge a los fuertes, de ojos azules y dos metros de estatura. Está creando una raza de superhombres. Ya te conté la historia en un Cuento que titulé “Sirio”. Para mí que el tercer milenio es la Era Nueva, que no tiene nada que ver con la Antigua, Media, Moderna y Contemporánea. Aquellos prepararon a la que ha empezado con los móviles, el internet y la selección genética.

Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

Siro. Deber cumplido. Doctrinas.

Litesofía -entre literatura y filosofía-, 19 abril 2014, Sábado Santo
Fragmentos
SIRO
            Mi vecino tenía un perro llamado Siro, el cual ladraba unos minutos cada dos o tres días, cuando su amo le llevaba la comida- Estaba programado. Siempre hacía las mismas cosas: o dormía, o ladraba, o comía. Su vida se reducía a tan primarios y elementales actos. Para unos Siro era un perro con suerte; para otros, el más infeliz de los canes. En el perro de mi vecino se sintetizaba la filosofía del vivir: o pasar de todo o soñar con mucho.
            Leo estos días "El Bhagavad-Gita" de Su Divina Gracia Bhaktivedanta, sobre la filosofía de los vedas. Para Arjuna, la Suprema Personalidad de Dios, no hay nada por lo que nadie deba lamentarse.  
La filosofía brahmánica es la filosofía de Siro. Su felicidad se centra en no tener apetitos y renunciar a cuanto los sentidos puedan ofrecer: "La persona que no se perturba por el incesante fluir de los deseos, es la única que puede encontrar la paz, y no la que se esfuerza por satisfacer dichos deseos". Amigo Siro, eres un gran filósofo.

DEBER CUMPLIDO
 ¡Cómo influye en el ánimo de cada uno el cumplimiento del deber! Ese deber, concreto a veces, inconcreto otras, nos hace sentirnos alegres o tristes. Cumplir con el deber es la base para estar satisfechos y ser felices.

DOCTRINAS
            Las filosofías son hijas de cerebros, optimistas unos, pesimistas otros. De aquí las diversas corrientes. La enfermedad nos hace ser de una forma y la salud de otra. Quevedo tuvo que tener sus ratos de amargura para componer aquel soneto: "Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes, ya desmoronados...". Pues a descansar antes que escribir con pesimismos. A emborronar papeles solo cuando estemos contentos y a no escribir cuando nos ronden las depresiones.

Francisco Tomás Ortuño,  Murcia