jueves, 21 de marzo de 2013

Sirio, nuevo antropoide.


SIRIO, NUEVO ANTROPOIDE
Arsenio era, sin duda, lo que se llama un científico. Desde que estudiara en la universidad, su amor por la ciencia rebasaba todos los límites. No se conformaba con los conocimientos tradicionales: él quería descubrir algo nuevo.-¿Qué buscas, Arsenio? –le dijo ya en cierta ocasión don Romualdo catedrático de biología.-Me gustaría cruzar especies diversas –le respondió. Cuando hubo terminado la carrera, montó su propio laboratorio. La situación económica de sus padres le permitía dedicar tiempo a sus experimentos. Contrajo matrimonio con Berta, antigua compañera de facultad, que compartía con él las mismas aficiones, y tuvieron un hijo. Fuera de sus clases, iban al campo y hacían estudios que les absorbía por completo. Estar en el laboratorio que montaron para hacer pruebas selectivas, constituía la ilusión más apasionante de la pareja. Partes de plantas con una o dos yemas, las soldaban a otra que hacía de patrón y esperaban conocer el resultado de su injerto. Obtuvieron frutos desconocidos hasta entonces; consiguieron híbridos de tamaño descomunal.-¿Y si intentamos unir tres especies en una? Les llevaba tiempo y trabajo, pero la misma incertidumbre les llenaba de gozo.-El pan que probamos hoy no es de trigo. Es una gramínea nueva que sólo nosotros conocemos.-Pues es tan bueno de comer como el auténtico. -Las peras tampoco son peras –reía Arsenio. -Ni los melocotones son melocotones –lo secundaba su mujer. Con animales cruzaron especies de todo tipo, obteniendo embriones convida de seres desconocidos: perros con pluma, gatos con tres ojos, ratas con cinco patas...Uno de estos seres artificiales parecía un niño. ¿De la unión de qué dos seres procedía? No estaban seguros. Tantas uniones diferentes loshabía desorientado. Llevaban relación exhaustiva de sus trabajos: fichas, fechas, anotaciones. Mas cuando buscaron el origen de este nuevo ser no lo encontraron. “Qué óvulo hemos utilizado?” “¿De quiénera el gameto macho?”. Pero allí estaba delante de ellos, con los ojos abiertos, observando cuanto había a su alrededor. A este ser extraño y diferente le llamaron Sirio, como la más brillante estrella de una constelación. Sirio era como un niño, peronacido de animales. Un cruzamiento feliz que dio por resultado aquel engendro de criatura. Cuando tuvo unas semanas se desplazaba dando saltos como si fuera un pájaro. Arsenio y Berta, asustados, tomaron todo género de precauciones y dejaron los demás trabajos para seguir de cerca las peripecias de aquel bicho raro con forma humana. -¿Qué hacemos, Berta? –preguntaba intrigado Arsenio.-¿Qué podemos hacer, Arsenio?: seguir observando sus movimientos y el tiempo lo dirá. Lo instalaron en una habitación aparte y por la ventana con reja lo miraban y le daban de comer. Pronto descubrieron que su comida preferida eran los vegetales. Cuando quería comer reclamaba su alimento dando saltos y subiendo a la ventana como si fuera un mono. Resuelto lo de la alimentación de Sirio, continuaron observándole con curiosidad y temor. Crecía por días. Cuando contaba sólo tres meses era del tamaño de un hombre.-¿Qué hacemos, Berta?, estoy asustado. Esperemos –lo tranquilizaba su mujer. La forma atlética de Sirio, su tamaño, su voracidad y sus saltos les tenían sobrecogidos. La sorpresa más grande que pudieron llevarse fue una mañana que no encontraron a Sirio en su habitación. La puerta estaba cerrada y la ventana seguía con sus barrotes de hierro. Aparentemente todo era lo mismo pero Sirio no estaba dentro.-¡Berta, Berta, ven! –dijo Arsenio cuando fue a saludar, como otras mañanas, a Sirio.-¿Qué ocurre? Exclamó Berta mientras se acercaba a su marido. No hizo falta añadir nada. Los dos quedaron mudos de asombro.-¿Dónde puede estar?-¿Cómo se lo han llevado?-¡Nadie ha podido entrar!-¿Qué puede haber ocurrido? Sabía que tendríamos complicaciones con este... con esta... con lo que sea.-¿Y si diéramos parte de lo ocurrido? No sabemos qué puede pasar después.-¿Y a quién? No nos creerían. Debemos callar y esperar. Rodrigo era un niño precioso. Con sus tres añitos, acompañaba a sus padres siempre y, a su manera, participaba con ellos de sus problemas. La mañana que no vieron a Sirio, el niño andaba inquieto por la casa. Los padres se le acercaron para decirle que Sirio ya no estaba. El niño hizo gestos de que lo había visto salir. Los padres le preguntaron amables:-¿Dónde está?, ¿tú lo sabes?, ¿lo has visto marcharse? -Sí –dijo el niño risueño.-¿Cómo?, ¿por dónde se fue? –le preguntó su madre. El pequeño señaló la ventana de la habitación, luego la puerta de la casa. Fueron allá. Cuando estuvieron fuera, el niño hizo un gesto harto elocuente de que salió volando.-Psss... –y señaló el cielo- por allí. Arsenio y Berta no salían de su asombro. -Hemos ido demasiado lejos, Berta.-Es asombroso lo que nos está pasando, Arsenio. Al día siguiente, como si nada hubiera salido de sus normales cauces, Arsenio y Berta encontraron a Sirio otra vez en su habitación. Se miraron estupefactos. Sirio por primera vez les sonrió con expresión inteligente, y les dijo despacio:-Os debo una explicación. Arsenio y Berta se miraron sin dar crédito a lo que estaban viendo. Sirio continuó: No soy como vosotros, aunque físicamente lo parezca. Hizo una pausaantes de seguir: -Por un azar afortunado, he nacido. Vosotros me habéis descubierto. Más que Sirio me deberíais haber llamado Milagro. Soy un milagro de vuestra ciencia, una casualidad, una prueba afortunada, un chispazo de laboratorio. En potencia, he existido siempre, pero hacía falta que alguien me descubriera, me creara. Arsenio mudo de asombro, iba a decir algo, pero Sirio lo interrumpió para continuar: -Os debo la vida, por lo que os llamaré padres, creadores míos. Sonrió. Berta se atrevió a preguntar:-¿Cómo sales y entras si no hay puertas?-Os he dicho que no soy como vosotros. Puedo aparecer y desaparecer, ¿veis? Y así diciendo se hizo invisible y retornó enseguida. Mi inteligencia es infinitamente superior a la vuestra. Mi pensamiento traspasa los límites humanos. Me comunico sin hablar, de mente a mente. Leo vuestros pensamientos con absoluta claridad. Berta fue a hablar de nuevo y Sirio la interrumpió:-Tampoco pueden conmigo ni vuestras armas ni el fuego. Soy distinto, una raza superior sencillamente.-¿Y qué vas a hacer en adelante? –tartamudeó Arsenio- ¿Vivirás aquí? -No te preocupes –respondió tranquilizadoramente Sirio-. Mipensamiento puede más de lo que te imaginas. Nuestra especie se multiplica a voluntad, ¿ves? Y aparecieron a su lado otros Sirios como él, que saludaron amables.-¿Pero sois pacíficos? –dijo Berta más serena y como divertida por el juego. -Nosotros no matamos. Somos superiores a vuestra especie, que ha cumplido su ciclo vital. Los humanos convivieron durante algún tiempo con los nuevos humanoides. La eficiencia de éstos se dejaba ver donde estuvieran. Eran tan superiores como los hombres respecto de los demás animales. Físicamente no conocían la fatiga; mentalmente eran rápidos de reflejos, clarividentes. No hablaban apenas y su rendimiento se multiplicaba por mil. Si había que contratar a un obrero, se buscaba a un Sirio, como dio en llamarse genéricamente a este tipo nuevo de antropoide. Las grandes empresas los contrataban. Coparon los puestosde máxima responsabilidad en bancos. La alta política terminó siendo dirigida por ellos. Sus cerebros mandaron en todas las universidadesde la tierra. Lo invadieron todo. La humanidad quedó dividida pronto en dos clases: la inferior y la superior. La relación entre ambas era escasa o más bien nula. No se comprendían. Unos por un lado y otros por otro. Se diría que la nueva escala zoológica quedaba establecida así: animales, hombres y superhombres o Sirios. Una de las diferencias más notables con sus compañeros era sin duda la inteligencia. Su visión de los problemas era asombrosa. Eran cerebros de dioses. En el campo de la astronomía, de la física, de la matemática. El progreso se aceleraba en todos los campos en progresión geométrica. Las diferencias pronto fueron ostensibles entre humanos y sirios. Los primeros no comprendían apenas nada de cuanto les era familiar a los segundos. Era otro lenguaje el que utilizaban, poseían otros esquemas mentales, otro sistema de valores. Los antiguos humanos tuvieron que rendirse a la evidencia y dejar que el campo del progreso, de la ciencia, de las finanzas o la política, quedara sólo en manos de los antropoides superiores, y el mundo del trabajo, de lo puramente servil, quedara para ellos. El mundo científico y técnico alcanzó cotas de asombro. Los nuevos seres trabajaban sólo con la mente. Igual se desplazaban en décimas de segundo a cualquier parte de la tierra que construían naves supersónicas o resolvían cuestiones gravitatorias insolubles antes. La religión de los superhombres era la paz, el entendimiento mutuo. Su dios, la vida misma. Comprendían con indulgencia los comportamientos de sus predecesores y compadecían a quienes habían tenido que sufrirla servidumbre de la incultura y la enfermedad. Los humanos inferiores se fueron extinguiendo poco a poco, quedando para la historia como una etapa más en el desarrollo de la humanidad. Sólo Arsenio y Berta fueron recordados siempre, como creadores de la nueva raza.