miércoles, 16 de enero de 2013

Enfermos


LITESOFÍA –entre literatura y filosofía-, 16 enero 12, Miércoles, San Fulgencio
            ENFERMOS
            Tengo para mí que no hay personas malas en el mundo, perversas. Hay, eso sí, personas enfermas, en el sentido de incompletas, no acabadas, carentes de plenitud en su naturaleza.
El que mata es un enfermo, sin duda; el que viola es un enfermo, como el soberbio, el violento o el envidioso. El hombre sano,  íntegro, pleno, acabado, jamás se suicidaría.
La enfermedad se palpa en el trabajo, en la casa, en la calle, con mayor o menor virulencia. Hay enfermos por doquier.
Centros para curar, sí; cárceles, no. Confundimos fácilmente la maldad de las acciones con la enfermedad del sujeto que las padece.
Para que haya “acto humano”, punible, condenable, se necesita conocimiento, libertad y voluntad. Un enfermo no obra con libertad, no es responsable, por tanto, de sus actos.
No me hables de personas depravadas, crueles; háblame, pues, de enfermos o esclavos del dolor, de la tensión emocional, del calor, del viento o de imponderables.