Litesofía, 12 noviembre 12, lunes,
San Millán
Ayer leí de un tirón “El secreto de la baronesa” de Vicente Blasco Ibáñez. Es
una novelilla de fecha 26 de febrero de 1926, prologada por un admirador suyo.
El tal –Antonio Precioso- da cuenta de la altura social a que había llegado el
novelista en España y fuera de España. “Blasco Ibáñez es eso para mí: el
Maestro, el amigo, el consejero…”.
Creo que esta admiración le lleva a exagerar en algunas ocasiones, si bien
ayuda a conocer ciertos detalles del escritor. Cuenta el panegirista que el
Maestro se casó con una americana millonaria “bella y gentil dama chilena,
culta y afable”. Pero será hipérbole cuando dice que “con el dinero que reúne
esta ilustre y célebre pareja matrimonial se podría cubrir de billetes de mil pesetas todo el suelo de
España”.
He sacado cuentas como luego se dice, y resulta que siendo los billetes de 0´15
por 0´10 m. la fortuna del novelista ascendería a más de treinta billones de
pesetas, lo que parece exagerado. Con todo, como digo, es para tener en cuenta
que nuestro personaje no estaba en la indigencia ni mucho menos.
En la prosa se advierte la soltura y galanura de un artista de las letras; y
por si fuera poco, mantiene el interés hasta el final, dejando cuando se
termina un regusto de haber pasado un buen rato leyendo y casi un profundo
pesar de que no siga.
Retrata una época de títulos nobiliarios y prepotencias del clero que chocan
hoy. La pobre Marina, hija de la baronesa, sufre en su carne el dolor de un
orgullo de clase, que le lleva a perder a un hijo sin conocerlo. “El amor, como
los ríos, va de arriba abajo”. Y aquella pobre mujer, que tuvo un desliz con la
única persona que trata, vive pensando cómo sería su hijo si viviera.
Novela para que leyeran los abortistas. Novela que explica el dolor de una
madre que no ha podido conocer al hijo que concibió, por los prejuicios de una
familia noble.