viernes, 14 de junio de 2013

Miedos.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 14 Junio 2.013, Viernes, S.Eliseo
MIEDOS
            Hay miedos de muchas clases: miedo a los espíritus, a la guerra, a la oscuridad…  Muchos miedos se adquieren de pequeños. Los cuentos de miedo dejan marcados a los niños para siempre. Sería aconsejable, por ejemplo, salir a la terraza con los hijos en noche de truenos y relámpagos, sin conceder importancia a tales meteoros; o hacer tocar el lomo de un gato o de un perro para que el miedo no alumbre. Las fobias a lugares vacíos, o a sitios oscuros, tuvieron su aparición de niños en ocasiones poco afortunadas. Cuando la semilla prende y se fortifica, anula luego, de mayores, a buena parte de la persona.
            El tímido es un miedoso. Los tímidos temen a las personas. Su origen tuvo lugar en alguna parte del cerebro cuando éramos niños y alguien se burló de nosotros o despreció lo que hicimos.
            La mejor terapia contra los miedos es la compañía, el éxito, los pensamientos positivos. En casa, los primeros años son decisivos en la vida de los hijos. Una faceta primordial puede ser ésta: evitar los miedos. Quitar ambientes que produzcan miedo; dar a los niños confianza y aplaudir sus actos. Cuando el niño se siente seguro, no tendrá luego problemas.
            ¿Tú has gritado a un niño? Puede haber sido suficiente para que de mayor no pueda estar con la gente. Parece que exagero, pero es así. Los niños son muy sensibles y se impresionan para siempre. Ser buen maestro o buen padre es lo más sagrado que puede haber. Actuar bien con los niños, con acierto, es de vital importancia para sus vidas. Una palabra es suficiente, un gesto, un grito o un desprecio.
            Menos mal que la naturaleza tiene sus propias defensas. Así como las glándulas producen hormonas que regulan nuestro estado en equilibrio, que cuidan de nuestro cuerpo mecánicamente, el espíritu puede también adaptarse con ciertos mecanismos. La memoria, por ejemplo, olvida lo que no le va a servir. Así y todo, queda en nosotros un poso del terror que causa estragos más tarde.
            Otra cuestión es que se nazca así. Cuando uno es rubio de nacimiento, me temo que tendrá que cargar con su color de pelo mientras viva, le guste o no le guste. Cuestión genética. Por eso veo dura la sentencia bíblica: "Ni los afeminados, ni los ladrones, ni los borrachos, ni los maldicientes poseerán el reino de Dios", Corintos, 6-9-10. No es justo que se mezcle a los afeminados entre los demás. No es lo mismo ser ladrón o borracho, que ser invertido, imposible de evitar.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia