Litesofía –entre literatura y filosofía-, 3 abril 2014, jueves, San Ricardo
-Fragmento-
-¡Vaya la que armó el cardenal Rouco en su homilía!
-¿Qué dijo?
-Pues que podemos volver a la guerra civil.
-¡¡No!!
-Sí, Amancio, y delante de todos los gerifaltes y líderes políticos de la nación.
-¡Qué atrevimiento! Sería como encender fuego junto a un polvorín.
-Exacto, todos pusieron cara de asombro.
-¿Y por qué dejó caer esa “peladilla” el cardenal?
-Por lo que está pasando cada día, Gregorio.
-¿Qué es lo que pasa?
-Pregúntaselo a los vecinos de la Puerta del Sol: huelgas, gritos, peleas… El cardenal recuerda lo que pasaba en los años que abocaron en una guerra civil.
-Pero hoy es distinto, ¿cómo se va a llegar de nuevo a semejante barbarie?
-Pues yo, Amancio, veo. como Rouco Varela, que es peligrosa la situación que tenemos.
-¿No es así la democracia, Gregorio?
-Tenemos una democracia consentida, demasiado blanda, por no decir muy débil.
-¿Por qué dices eso?
-Tener una Constitución que no se respeta es como tener una tía en “Graná”.
-No te comprendo.
-Pues es bien fácil de comprender, Amancio. Ser rígidos no es ser tiranos. Yo estoy en contra de la intolerancia, del despotismo, de la dictadura, pero de hacer cumplir a rajatabla lo que manda la Ley. Y esto que te digo, Amancio, en la vida laboral, social, familiar y nacional. Si hay una Ley que debemos acatar, promulgada y aceptada por todos previamente, nadie debe incumplirla sin ser apartado del común. ¿Cómo se puede consentir que a los vigilantes del orden se maltrate? ¿Cómo alumnos de colegio pueden impedir groseramente, impunemente, que el profesor enseñe a los que quieren aprender? ¿Cómo se permite a nadie apropiarse de lo ajeno y no se le exige que devuelvan lo robado? ¿Cómo…? No, Amancio, el cardenal Rouco dice que el enfrentamiento puede ser inevitable si no se pone remedio a ciertas actitudes. La Democracia es buena, conveniente, adecuada, pero aplicada con rigor, Amancio. Cuando algo se quiere porque vale su peso en oro, no se debe abandonar a su suerte: hay que vigilar de día y de noche para no perderlo. Y ese es el miedo de Rouco. Estamos con la libertad que otorga la Constitución, pero no con el libertinaje que proporciona la dejación. Democracia sí, pero aplicada con la firmeza de la Ley. El que la haga que la pague sin contemplaciones; el que se aparte un milímetro, solo un milímetro, de lo que marca la ley debe ser avisado para que rectifique; el sospechoso de querer atentar la ley, debe ser advertido de enmendar.
Francisco Tomás Ortuño
Doctor por la Universidad de Murcia