Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 septbre 13
San Lino, Papa, ¡¡¡Ffelicidades, hija!!!
Murcia, tiempo veraniego dentro y fuera de casa. Ya ayer, cuando volvía de la iglesia del Carmen, por Floridablanca, lo advertí; y no pude menos que comentarlo con mi señora: “Se parece Murcia hoy a Jumilla: sus calles están desiertas”. Y la respuesta fue rápida, como preparada: “La gente se va a la playa”.
Aunque parezca extraño, por septiembre, si luce el sol y no hace viento, los murcianos se vacían en el mar. Como esa arena que me contaba los minutos cuando mis lodos de Archena, la gente de Murcia se desliza, sigilosamente, al Mar Menor en días como este.
-Para bien de los que quedan, Francisco, que nada mejor que pasear por Murcia sin preocuparse de los semáforos, o mirando escaparates sin que nadie te moleste.
-¿Has visto, Benedicto, que por doquier compran oro?
-Ellos sabrán por qué.
-Son tiendas que compran joyas que guardan algunos de su boda, o regalos de valor que no pensaban vender. Pero con la crisis, ¿quién pasa necesidad teniendo un anillo de oro en la mesita de noche o en el arcón del desván?
-O el reloj que recibió de un pariente rico.
-Estos improvisados Montes de piedad, a la sombra de miradas indiscretas, cumplen una función social importante. A mí me recuerdan, Benedicto, tiempos del Siglo de Oro que conocemos por tapices: cuevas tenebrosas, con alambiques y balanzas, donde los magos traficaban en noches de plenilunio.
-¿Hablas de los tiempos de Cervantes, de Lope de Vega, de Tirso o de Alarcón, cuando se usaban pecheras, cuellos y puños postizos sin camisa por no poder adquirirlas?
-Tiempos duros aquellos, amigo mío, que tan bien retrata Pérez-Reverte en sus novelas de Alatriste.
-En cambio, recién descubierto que fuera el continente americano, llegaban barcos a Sevilla con oro que allí embarcaban.
-¿Quién se ocuparía del tráfico procedente del Perú o de Méjico? ¿Es que habría otros Bárcenas entonces que abrieron escuela a sus descendientes?
-Siempre los hubo, amigo Francisco. Los gobiernos posteriores han temido siempre la invasión de aquellos Incas y Aztecas exigiendo la devolución del tesoro que les quitaron.
-¿En qué gastarían tanto oro Carlos el Alemán, nieto de los Católicos Reyes, y Felipe Segundo, el hijo de Isabel de Portugal? No me lo explico. ¿Tú qué dices, Benedicto? ¿Cómo se explica que viniendo de las Américas tanto oro, naciera en España “la picaresca”, que era el retrato de la pobreza más grande conocida en una sociedad y retratada fielmente por grandes escritores como Quevedo, Cervantes y Mateo Alemán?
-Se gastaba mucho en guerras, Francisco. Unas veces por mantenerlas y otras por prevenirlas. La guerra fue siempre el arma del demonio en un país. Habrá faltado para comer, pero nunca para matar. Tú repasa la Historia: no hallarás un tiempo sin ellas: Con los romanos, los godos, los árabes, los austrias o los borbones, siempre igual. ¡Con lo bien que se viviría sin ejércitos!.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia